Un hombre de números

Un hombre de números

El aumento del tipo de cambio del plátano es un tema sensible en estos días, pero el plátano, que ni siquiera se llama plátano en realidad, no es considerado un indicador serio de la inflación. Eso dice, con ironía y con inocencia, Osiris, un tío del campo que no recibió nociones de finanzas, pero es, en esencia, un hombre de números.

Digo que es un hombre de números porque, aunque cuenta mal sus años, multiplica que quiere a todos los sobrinos en la misma medida y mide el amor en años luz. Es un hombre de números, al menos cundo habla. Tiene mucho de espectacular oírlo decir, por ejemplo, que levantarse es una inversión y que los buenos días son esos en que la noche llega y ya sabemos cuál fue el rendimiento, pero lo calculamos una y otra vez, felices, orgullosos de haber obtenido una buena tasa de retorno.

El tío Osiris, además de hablar como un hombre de números, vive como un hombre de números, o en su defecto, de adverbios de cantidad. 

No saca sus números de una base de datos, los saca de la humedad de la tierra y del color de los atardeceres, que le ayudan a hacer sus proyecciones. Piensa que vivimos en una calculadora. Que vivimos en las matemáticas, intensa y discretamente, más que en la filosofía y la teología, y a fuerza de necesidad.

Yo le digo que quizás nuestro mundo matemático no sea homogéneo. Le pregunto que si es lo mismo para un maizal extenso y verde y para el paisaje de ventanas diminutas que observamos entre los edificios de Naco. Él, que no distingue entre Naco y Gazcue, responde que sí, que hemos diseñado todo sobre la misma hoja de cálculo y por eso en el horizonte siempre hay una línea recta.

El tío Osiris, además de hablar como un hombre de números, vive como un hombre de números, o en su defecto, de adverbios de cantidad. Es sesentón y no tiene descendencia. Dicen que en sus años mozos se enamoraba poco y calculaba demasiado para llegar a conclusiones que muchos heredan como un rasgo cultural, como esa de que hay que tener sus hijos.

Para la gente él es un hombre solo, pero él, en broma, dice que no, que es un 1.0. Entonces los demás (que son 2, 1.2, 2.3, etc.) se ríen. Siempre hay quien recurre a la idea manida de que, en su juventud, el tío Osiris calculó tanto que se quedó atrapado en la creencia de que el mundo es una calculadora. Yo creo que no, que quizás ni siquiera ha tenido mucho qué calcular en la vida y que su extraña relación con los números debe tener una explicación menos absolutista, menos pobre.

Lo cierto es que nadie sabe por qué un agricultor mal alfabetizado habla y vive con tanta matemática. ¿Por qué matemática y no biología o agronomía, que le resultan de naturaleza más cercana? Me hago la pregunta cada vez que pienso en él. Y lo hago con frecuencia, principalmente cuando termino un texto y, por costumbre, caigo en el absurdo de contar la cantidad de caracteres sin que sea necesario.


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  • Aimée

    Este artículo me recuerda cómo muchas personas que no tuvieron acceso a la educación tienen un conocimiento empírico y muy bien desarrollado de matemáticas. Mi abuelo fue agricultor y parecía una calculadora andante pues podía hacer operaciones mentalmente. Una gran capacidad de memoria. Siempre lo admiraré.

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