Alcancías: ¿por qué un cerdito y no un hipopótamo?

Alcancías: ¿por qué un cerdito y no un hipopótamo?

Los cerdos, por sus hábitos alimenticios y de higiene reprochables, tienen mala reputación. Al menos en castellano, los nombres con que nos referimos popularmente a estos mamíferos son siempre ajustables como sinónimos de sucio: cerdo, puerco, marrano, cochinito, choncho…

Es como si con ellos se hubiese inventado lo asqueroso, lo inmundo y lo repulsivo. Pero esta injusta fama coexiste con una virtud que encumbra su imagen pública: los cerdos son, también, símbolo del ahorro y, en algunas culturas, de abundancia y prosperidad.

Por eso es usual que las alcancías o huchas (como se les conoce en otros países hispanos) tengan forma de un tierno y gordo cerdito, y no de un robusto elefante, un fornido hipopótamo o un elegante felino.

La relación cerdito-ahorro es antigua. Se piensa que las primeras alcancías en forma de cerditos fueron hechas en Inglaterra, por el Siglo XV, y que estaban inspiradas en la forma en que ahorraban las familias pobres del ámbito rural, que criaban cerdos para, luego,  venderlos o usarlos para su propia alimentación.

También hay quienes entienden que pudo haber sido porque las alcancías eran de arcilla y su color se asemejaba al de los cerdos. En todo caso, las que tenían forma de cerdito fueron sustituyendo a las  vasijas tradicionales de ese material que la gente usaba para guardar dinero. Ya en el Siglo XVII eran llamadas ‘piggy banks’, que es como se les conoce, ampliamente, en el mundo angloparlante.

En los poblados rurales de República Dominicana invertir en un cerdo doméstico es modus vivendi. Aunque estos animales no son los únicos en que la gente invierte, lo cierto es que sus exigencias alimenticias son pocas y permiten que las personas muy pobres puedan criarlos sin incurrir en altos costos. Se suma la ventaja de que, a diferencia de lo que ocurre con el ganado vacuno o caprino, por ejemplo, tampoco se requiere de amplios espacios de pasto.

La gente los cría para cubrir gastos en salud, para echarle el piso a la cocina, para cercar el patio, para comprar semillas o para la próxima cena de navidad; de modo que, literalmente, son el ahorro, el fondo de emergencias, el clavo debajo del colchón y hasta el seguro médico de miles de personas pobres.



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