Sin prensa , por favor: la preferencia por “cumplir” desde la sombra

Sin prensa , por favor: la preferencia por “cumplir” desde la sombra

 

Cuando la cultura de la opacidad se impone en medio de fuertes debilidades institucionales, la expresión que define el título de este escrito resulta muy común, especialmente en personas que gestionan entidades públicas, sin excluir a segmentos del sector privado no amigables con la transparencia.

La “técnica” de tomar desde el Estado decisiones polémicas, intentando pasarlas por debajo de la mesa del escrutinio público, es casi un deporte nacional que se ejerce bajo el pretexto de que basta ceñirse a ciertos cánones legales de publicidad y difusión.

En ese contexto suelen publicarse numerosas resoluciones, circulares, minutas, normativas y otras disposiciones oficiales que cumplen con el mandato legal de ser expuestas “en un periódico de circulación” aunque el medio no traspase los linderos de la capital.

El lenguaje poco importa, mientras más complicado y lleno de tecnicismos, parece mejor. Y si el texto es confuso, el blindaje para que nadie entienda es una garantía de neutralización de la opinión frente a medidas gubernamentales.

En ocasiones, basta con colgar la información en portales de internet en los que nadie navega y ya con esto “se cumple la ley”, olvidando que lo legal no es necesariamente legítimo.

El mecanismo del “cumplimiento desde la sombra” ha generado más de una crisis de comunicación en el país. ¿A qué se debe esto? No hay nada oculto que no haya de ser manifiesto; ni escondido que no haya de saberse, dice una máxima bíblica.

La rendición de cuentas, tan masticada, aludida y poco practicada, debería ser siempre la clave preventiva de crisis de credibilidad.

El problema es que cuando se destapa todo lo que se desarrolla con sigilo y ocultamiento, el morbo gobierna y se abre un fuerte apetito por saber, conocer, entender más. En medio de esas veleidades, fluyen la interpretación antojadiza, el rumor y las distorsiones.

La rendición de cuentas, tan masticada, aludida y poco practicada, debería ser siempre la clave preventiva de crisis de credibilidad, disturbios en la imagen y percepciones que pueden causar pérdidas económicas y hasta políticas.

El Gobierno está llamado a ser informador, escucha e interactivo, porque es mejor explicar que crear sospecha o incentivar el ánimo de descubrir cajas de Pandora donde, probablemente, no las hay.

Es importante destacar que estoy hablando de un modelo de abordaje –desde el punto de vista de la comunicación- de tópicos trascendentes porque, obviamente, no se trata de someter a estrés a la prensa haciéndola partícipe hasta de los más nimios aspectos de la cotidianidad institucional.

Un caso simbólico

Recientemente observamos una gran decisión de la Comisión Clasificadora de Riesgos y Límites de Inversión, ratificada por el Consejo Nacional de Valores: invertir recursos de los fondos de pensiones en un programa de emisión de deuda de RD VIAL.

El fideicomiso estatal se propone emitir deuda por un monto de RD$25,000 millones, una operación verdaderamente histórica. ¿Cómo se entera de esto la opinión pública? A través de un comunicado en un periódico, suscrito por las superintendencias de Valores, de Pensiones, de Seguros, de Bancos y el Banco Central.

En paralelo –el mismo día y por coincidencia- el analista financiero Alejandro Fernández W. se refería en su columna Argentarium al primer informe de calificación de Feller Rate a RD Vial, en el que se revelaba que la entidad proyectaba una emisión de deuda por RD$25,000 millones.

Me atrevo a asegurar que, a no ser por esa columna –reseñada en la portada de Diario Libre- la publicación de las cuatro superintendencias y de la institución rectora de la política monetaria hubiese pasado como un aviso más, de los que cotidianamente nos entregan los periódicos impresos.

Una oportunidad mejor aprovechada

Las instituciones antes citadas no obraron ilegalmente. Se acogieron a un debido proceso institucional para publicitar decisiones oficiales, pero pudieron haber dado un paso adelante con el propósito de engrosar su capital reputacional, ganar aliados y –probablemente- hasta portavoces espontáneos a favor de la legitimidad de la medida.

De esa manera se hubiesen evitado el editorial de Diario Libre titulado “Hablen claro”, en cual plantea: “Las interrogantes sobre esta operación surgen por todos lados: desde los niveles de rentabilidad y la capacidad de pago hasta el problema de la garantía, pues los activos de la fiduciaria no son enajenables al ser carreteras, puentes y obras públicas, o sea bienes públicos propiedad de todos”.

Para decisiones mucho menos importantes hemos visto cómo son convocados los directores de periódicos, comentaristas, editores económicos y líderes de opinión.

Quizás tampoco se materializaba otro editorial del periódico Hoy con un encabezado que señala: “Esos fondos son de los trabajadores”, y la subsiguiente reflexión: “No ponemos en duda la legalidad de la operación financiera que ocupa nuestra atención, pero defendemos el derecho que tienen los trabajadores a conocer hasta el mínimo detalle del uso que se pretende y cuáles garantías amparan el retorno de sus fondos en esa operación que ha de cubrir déficit o deudas contraídas por Fideicomiso RD Vial”.

Para decisiones mucho menos importantes hemos visto cómo son convocados los directores de periódicos, comentaristas, editores económicos y líderes de opinión.

Haber sentado a esos stakeholders en una mesa de diálogo para exponerles el plan y permitir un flujo de preguntas y respuestas, habría ganado sin dudas no sólo las portadas de los diarios, sino enfoques de opinión diferentes a los que hemos citado y, por demás, comentarios que ayudarían a entender el relevante proceso.

Un acercamiento previo al sector laboral, a través de sus organizaciones representativas, habría ayudado a crearle una atmósfera de legitimidad a una decisión que puede variar la historia de los fondos de pensiones –sobre los cuales hay tantos ojos críticos- en términos de inversiones productivas.

Grandes decisiones bien estructuradas y mejor intencionadas pueden, sin estrategia de comunicación, terminar siendo un fiasco por la falta de credibilidad. Esperamos que este no sea el caso.

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Víctor Bautista

Víctor Bautista

Víctor Bautista es consultor en comunicación. Encuéntralo en Twitter (@ViktorBautista y @MediaticosRD) o visitando www.mediaticos.com.do.


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