Testimonio: “Estaba desahuciado para las entidades bancarias… ahora soy un cliente renovado”

by Redacción Argentarium | Abr 9, 2020 1:34 pm

Muchos de nuestros lectores aprovechan la información que servimos para mejorar su perfil financiero, y eso nos satisface inmensamente. Para eso, pues, trabajamos. Hay otros que van más allá y se convierten en multiplicadores de los conocimientos que les resultaron útiles. Este es el caso de este lector*, que no solo socializa recomendaciones con los amigos con dificultades financieras, sino que también se animó a escribir la historia de cómo superó una mancha que creía indeleble: una deuda castigada en los registros de información crediticia.

Valoramos mucho su gesto y esperamos que su ejercicio resulte provechoso para otros/as.

A continuación reproducimos el relato:

Esta es mi historia de cómo pasé de ser un desahuciado para las entidades financieras a un cliente con potencial y renovado.

Todo esto empezó alrededor del año 2009, cuando una entidad financiera me otorgó mi primera tarjeta de crédito (mi primera experiencia con producto financiero alguno). El límite era de 5 o 6 mil pesos, no recuerdo bien. Para esa fecha había nacido mi primer hijo y yo utilizaba la tarjeta para todo, mi salario no era muy atractivo.

En un momento me vi en la encrucijada de cobrar y tener que destinar el total de mi salario a pagar el balance al corte de la tarjeta. Luego no pude hacerlo, y allí iniciaron los problemas. Como no podía pagar el total adeudado al corte, realizaba pago mínimo (pensaba que me la estaba comiendo con eso). Llegó un momento en que ya ni siquiera pagaba el mínimo y empezaron las gestiones de cobro. Llegué a un acuerdo con la entidad financiera para poder saldar, pero la verdad es que no pude cumplir por el tema de mis pocos ingresos. Fue en ese escenario que dejé de pagar las cuotas del acuerdo y acabé en legal.

En mi trabajo fui escalando y llegué a puestos mejor remunerados, pero no era mi prioridad saldar esta cuenta. A pesar de que ya podía hacerlo, no le veía la importancia.

En eso pasé varios años y me iba dando cuenta de que para conseguir varias de las metas que me planteaba para mi madurez, necesitaba tener un buen historial de crédito. Fue allí cuando me di cuenta de lo que significa estar clasificado como moroso.

Para febrero de 2019 ya mi puntaje estaba en 872 de 950, categoría platinum. Me di cuenta de que la tarjeta de crédito que había sido castigada, y por la cual pasé todo esto, ya no aparecía en el historial. Clic para tuitear

Pasaba el tiempo y siempre tenía esto de estar en legal pendiente en mi cabeza. Cada vez que pasaba por una feria de vehículos, feria de préstamos hipotecarios, en fin… volteaba la cabeza y me sentía muy mal por pensar que nunca podría acceder a esas facilidades. A todo esto, mi esposa nunca supo de la situación y a veces me sugería tomar algún electrodoméstico a crédito. Me rompía el alma saber que no podía hacerlo por mi mal manejo, le decía que lo compraríamos al contado cuando se pueda, ella no entendía nada porque no le expliqué.

Pasé un buen tiempo con ese sentimiento. Ya había escuchado de muchas personas que si entrabas a Cicla (como popularmente se les conoce a los burós), nadie te podía sacar, y que aunque pagues esa mancha se quedaba en tu historial.

Aún así, me llené de valor y en diciembre de 2014 me comuniqué con la oficina de abogados que gestionaba mi caso y saldé la tarjeta. Pensé que era menos mala la situación, pues ya por lo menos había pagado. En el buró, todo seguía igual a pesar de eso, aún era un “leproso bancario”, como leí en un artículo de Argentarium.

Meses antes, leyendo el periódico Diario Libre, había dado con un artículo titulado Recomenzar: paso a paso (1/2), donde Alejandro Fernández W. explica cómo es posible “limpiar” un historial crediticio. “¡Hágase la luz!”, me pareció escuchar. Despertó mi interés y le escribí por Twitter al autor para ver cuándo publicaba la segunda parte, estaba ansioso.

En mi búsqueda me topé con Rexi Finanzas y vi que tenía relación con el señor Alejandro, fue allí cuando le escribí al correo  rexi@fintech.do mi situación y estos muy amablemente me indicaron llamar al programa Argentarium Radio y realicé mi consulta en vivo. Me dieron todas las orientaciones necesarias y ¡manos a la obra!

Dejo esta lista de los pasos que seguí y algunos consejos que apliqué, para deudores a los que le resulte de utilidad:

      • Conocer cuál era mi situación. Consulté mi historial crediticio, lo cual nunca había hecho, en los dos burós del país. Mi score no podía estar peor, en uno de ellos estaba en 150 porque no puede ser más bajo.
      • Me dirigí a una entidad financiera que tiene productos para personas que quieren recuperar su crédito. Saqué un certificado financiero por $10,000 pesos y me otorgaron una tarjeta de $9,000 pesos respaldada por el certificado.
      • Siguiendo consejos de Argentarium, no gastaba más del 50% del límite de la tarjeta ($ 4,500 pesos o menos mensualmente).
      • Nunca me retraso en el pago y siempre pago el total del corte, nunca hago pagos mínimos. En otras palabras, no me financio con la tarjeta de crédito.
      • Consumo inteligente. Hacer consumos luego del corte te da más tiempo para pagar.
      • A los cinco meses consulté mi historial nuevamente para ver los avances y ¡oh sorpresa! Pasé de 150 a 502 en mi score. Me atendió la misma persona que la primera vez y se sorprendió del cambio. Me preguntó que cómo lo había hecho, le expliqué y me felicitó.
      • Como a los siete meses saqué otro certificado por $ 50,000 pesos y me otorgaron un préstamo de $ 45,000 pesos garantizado por el certificado. El dinero del préstamo lo coloqué en mi cuenta de ahorros, el objetivo era mejorar el historial de crédito, no gastar el dinero.
      • Al año me llamaron de una asociación de ahorros y préstamos y me ofrecieron otra tarjeta (eso nunca había pasado), pero esta con un límite de RD$ 22,000. Con esta tengo el mismo manejo que con la anterior.
      • Seguía cada cierto tiempo monitoreando mi score, tengo acceso a tres consultas gratis en el año.

Para febrero de 2019 ya mi puntaje estaba en 872 de 950 (categoría platinum). Me di cuenta de que la tarjeta de crédito que había sido castigada y por la cual pasé todo esto desapareció del historial. Esto porque la Ley de Habeas Data establece que la información solo permanece en el historial por 48 meses, y este plazo se cumplió en diciembre de 2018.

Ese día, luego de ver mi score, lo primero que hice fue detenerme en una orilla, en la 27 con Defilló, y escribirle por Twitter a Alejandro para agradecerle. Desde entonces lo he visto varias veces y no dejo pasar la oportunidad para hacerle el saludo, se merece todo mi respeto y admiración.

Agradezco a Dios por haber puesto en mi camino justamente la información que necesitaba.

Me he convertido en multiplicador de mi experiencia y he ayudado a compañeros que, al igual que yo, pensaban que estaban perdidos.


*Prefiere reservar su nombre.

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En defensa del empleado

by Alejandro Fernández W. | Abr 5, 2018 7:12 am

Salomón es uno de los tantos profesionales que hacen posible que esta columna llegue a sus manos. Como es casi la norma, lleva concurrentemente dos empleos, el de por “la mañana” y otro “por la tarde” (que es, realmente, un doble turno por las noches). Típicamente lo veo entrar a la redacción justo cuando me retiro de escribir.

Como Salomón hay, sin temor a equivocarme, decenas de miles de dominicanos que, para acercarse, aunque sea mínimamente al sueño de “la clase media”, aprovechan las oportunidades del pluriempleo: el conserje que es también guardián, el juez que también es profesor y la cajera que es contadora por las noches.

En el caso de tener dos fuentes de ingresos como asalariado, el empleado tiene la obligación de elegir un único agente de retención frente a la DGII que será quien hará las retenciones del ISR, no por un monto aislado, sino por el… Clic para tuitear

Una noche Salomón alcanzó a verme en la televisión, comentando las recientes medidas tomadas por la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) para fortalecer el cobro del impuesto sobre la renta, específicamente el de los empleados.

Salomón no se dio por aludido con mi comentario. Trabajaba en dos empresas reconocidas, con sus respectivos departamentos de recursos humanos, y si alguna ventaja tiene el ser empleado, pensaba mi amigo, es que uno no tiene que mortificarse con eso de la DGII, ni la TSS ni con las AFP o la ARL, iniciales que todos los meses se quedaban con una parte de sueldo. “¿Para qué? No sé…”

Le llamamos de la DGII

Su despreocupación duró hasta una mañana, cuando al abrir su correo electrónico se encontró con un mensaje de la DGII. Escueto, con términos que no entendía, algo confuso, el mensaje invitaba a Salomón a que pasara por una de las oficinas de la administración tributaria de Impuestos Internos.

Recordó mi comentario en el noticiero, sonrió, pero siguió tranquilo. “Eso tiene que ser un error” y borró el mensaje, pasándolo a su bandeja de correos basura. “La DGII que resuelva con mis empleadores, yo no tengo que ver con ellos” pensó, como para justificar su descuido.

Hasta que una mañana, dadas las constantes llamadas del “call center” de la DGII, decidió apersonarse a la oficina que le habían indicado, para salir de esa necedad burocrática.

“Señor Salomón, tengo a bien informarle que, por concepto de impuesto sobre la renta dejado de pagar, usted tiene una deuda con la DGII, incluyendo recargos, de RD$130,000 que debe ser saldada inmediatamente.”

Salomón ni alcanzó a sonreír. Le parecía un chiste, una burla. “No puede ser…” intentó balbucear, hasta que fue interrumpido por el formulario, con números que él no entendía, donde se evidenciaba, en negrita, el monto total adeudado, que le entregó la recaudadora de impuestos.

La ley es dura, pero es ley

“Otro motivo más que me tiene desencantado de este país, Potrillo” me escribió, indignado, Salomón. “Yo me pregunto si la misión es que desaparezca la clase media”.

Le escuché. Luego de algunas preguntas, me quedaba claro lo ocurrido: En ambas empresas donde Salomón laboraba, su ingreso no alcanzaba los RD$35,000 mensuales. Siendo así, estaba exento de pagar el impuesto sobre la renta de forma individual.

Lo que Salomón, al igual que muchos otros desconocen, es que, en el caso de tener dos fuentes de ingresos como asalariado, el empleado (no el empleador) tiene la obligación de elegir un único agente de retención frente a la DGII que será quien hará las retenciones del impuesto sobre la renta, no por un monto aislado, sino por el ingreso total del empleado.

“En tu caso, querido amigo, lamento informarte que desde que estás ganando los RD$35,000 en ambos sitios te debieron retener RD$5,300 por concepto de impuesto sobre la renta dado tu ingreso bruto de RD$70,000. Como no lo has hecho durante todo este tiempo, te lo están cobrando, incluyendo, por lo visto, ciertos recargos y moras por lo que, en efecto, fue una evasión de impuestos”. Salomón abría y cerraba los ojos, con un ataque de ira y nervios. “Es decir que… además de tener que buscar más de RD$130,000 de un fuetazo, ¿ahora también me retendrán RD$5,300 en impuestos todos los meses? ¿RD$64,000 al año?”

Sugerencias a la DGII

Guardando el anonimato de Salomón, el caso anteriormente descrito es totalmente real. Como a mi amigo en la redacción, muchos más están recibiendo este trago amargo con un sentido de indignación, incredulidad y, francamente, perplejidad.

De no ser posible eliminar las deudas del pasado, ¿podría la DGII, que para los fines también ha estado incumpliendo la ley, por lo menos no aplicar los recargos y moras generados? Clic para tuitear

Esta es la ley y la DGII no está haciendo otra cosa que aplicarla. Como le corresponde, y como, aunque sea antipático hacerlo, le aplaudo. Dicho esto, me quedan tres preguntas.

¿En qué momento se concientizó, aunque sea mínimamente, al contribuyente asalariado con dos empleos de la obligación que tiene de, utilizando el formulario IR-10, designar un agente de retención único para su impuesto sobre la renta? ¿No se hubiese podido, con antelación y quizás a través de los mismos empleadores, alertar a los empleados de este mandato del Código Tributario de 1992?

Siendo que la desinformación, más que la intención de defraudar al fisco, explicará la gran mayoría de estos incidentes, ¿No se habría podido lograr una implementación más organizada o por lo menos gradual, de tal forma de no atropellar las ya magras finanzas de quienes son, en definitiva, simples empleados tratando de alcanzar la “clase media”? De no ser posible eliminar las deudas del pasado, ¿podría la DGII, que para los fines también ha estado incumpliendo la ley desde el 1992 hasta la fecha (26 años), por lo menos no aplicar los recargos y moras por cobros no pagados?

Source URL: https://www.argentarium.com/argentarium/37244-en-defensa-del-empleado/


Testimonio: “Nunca había escuchado un ‘usted no califica’ que me doliera tanto”

by Redacción Argentarium | Feb 28, 2018 3:49 pm

Hola Alejandro,

Qué gusto saludarte y poder escribirte. Comparto, finalmente, mi testimonio; es un listín, pero me fue imposible hacerlo más corto.

¡Tres años de planificación fueron necesarios para poder contar mi historia! Historia de la cual estoy orgullosa y me hace sentir plena a mis 30.

Todo empezó el día que me llegó un correo electrónico indicándome que se acercaba la fecha del próximo Taller de Finanzas Personales (TFP) de Argentarium. Recuerdo que lo primero que hice fue revisar vía internet banking mi cuenta de ahorros. En ese momento contaba apenas con RD$6,000, de los cuales tenía que pagar RD$4,500 por el taller. No lo pensé dos veces y hoy puedo decir que ¡ha sido la inversión más inteligente de mi vida!

Yo he trabajado desde muy joven. A los 17 años, cursando el 4to de bachiller, ya laboraba en una tienda en Bella Vista Mall, donde me pagaban las horas de trabajo a 36 pesos más horas extras y comisión por venta. Mis ingresos para el 2005 ascendían los RD$7,000, que no estaba nada mal para una adolescente que no tenía compromisos económicos en el hogar. Le colaboraba a mi madre, sin embargo, no era una cantidad considerable. Siempre me quedaban mis chelitos “rendíos”.

No entendía cómo a una persona que manejaba más de RD$100 mil podían negarle una tarjeta de RD$10 mil. Clic para tuitear

Todo el que ha trabajado en plazas, sobre todo en tiendas, sabe que dejas el sueldo en la misma plaza. Gastar en ropa, zapatos y unirte a la onda de andar en bonches y los mejores lugares, son tentaciones ante las que hay que tener fuerza de voluntad  y visión para no caer. Yo en ese momento no tenía esa fuerza de voluntad, ya sea por inmadurez o porque no veía mas allá de mi adolescencia: ¡estaba viviendo el momento!

A mis 24, ya en otro trabajo, un día miré hacia atrás y analicé que luego de 7 años de trabajo, apenas tenía un carro, valorado en unos 240 mil pesos, el cual aún debía a la cooperativa a la que estaba asociada. No tenía el hábito del ahorro, asumía compromisos económicos y “cumplía con ellos’’, pero ¿ahorrar? ¡No! Yo pagaba y todo lo que quedaba se gastaba…

Ya a mis 27, con un trabajo estable y luego de pagar mi vehículo, participé en el Taller de Finanzas Personales. Recuerdo que fue un febrero, y ya había tomado la decisión definitiva de hacer un stop y organizarme. Sabía que tenía ingresos estables y que no estaba haciendo nada productivo con ellos; entendí que necesitaba ayuda, orientación.

Fue un taller de un día, pero ¡que día! Ahí aprendí de todo, de finanzas personales, de finanzas de parejas, de la bolsa de valores y de todo lo que un principiante debe saber.

«Salí de esa oficina con ganas de comerme el mundo y de hacer un cambio en mis finanzas personales, porque sabía que tenía que hacer que mi esfuerzo y trabajo valieran la pena».  

Recuerdo que salí premiada dentro el grupo de participantes y me tocó un encuentro privado contigo. Fue ahí donde, con mi historial crediticio en mano y mi score, te presenté mi vida en números. Estaba en clasificación F, la más baja. Eso era frustrante para mí.

Mi interés en mejorar mis finanzas estaba basado también en un nuevo compromiso asumido: había dado el inicial de un apartamento en plano, el cual me entregaban en dos años y yo, soltera, sabía que tenía que estar preparada para poder solicitar al banco RD$ 3 millones y estaba consciente de que se me haría tarde si no tomaba la decisión de cambiar mis hábitos ya.

Tras la “consulta”, salí de esa oficina con ganas de comerme el mundo y de hacer un cambio en mis finanzas personales, porque sabía que tenía que hacer que mi esfuerzo y trabajo valieran la pena.

Recuerdo que lo primero que hice fue ir a una telefónica, la cual me tenía publicada una deuda de más de 4 años que ya había saldado y tuvieron que eliminar, ya que la ley me amparaba. Así mismo fui contactando a los bancos a los que les debía y, poco a poco, iba limpiando mi historial de crédito. Mi score subió, entraba diariamente a revisarlo (pagaba un plan que me daba acceso a esto por 6 meses); sé que era exagerado, pero tenía la necesidad de saber que todo iba marchando de acuerdo a lo planeado.

Recuerdo que parte del plan, era solicitar una tarjeta de crédito con una entidad con la cual me recomendarías. En ese momento le enviaste un correo a la gerente refiriéndome para una tarjeta de crédito de RD$ 10,000.

Después de agotar el proceso que requieren los bancos ¡vaya sorpresa, me negaron la solicitud! La frustración se apoderó de mí. Fue un golpe duro el que me hayan rechazado esta tarjeta de crédito por un monto tan bajito. Estaba referida por ti y llevé todas las evidencias de los movimientos bancarios que tenía, y eso no fue suficiente.  Aquel momento fue difícil, yo nunca había escuchado un “usted no califica” que me doliera tanto. Me quedaba seguir trabajando en el pago de mis deudas, en mi plan de ahorro y continuar documentando cada ingreso/egreso que realizaba.

No entendía cómo a una persona que manejaba más de RD$100 mil podían negarle una tarjeta de RD$10 mil. Esto evidenciado mediante estados de cuenta, pues en ese momento, ya había asumido la administración de un negocio familiar de mi padre y mis ingresos y los movimientos de dinero habían aumentado. Recuerdo que cada peso que ingresaba, lo pasaba por el banco, luego iba a lo retiraba al cajero para posteriormente hacer las compras diarias.

Había pasado poco más de un mes cuando me llamaron de un banco, al cual agradezco infinitamente, ofreciéndome una tarjeta de crédito. Sin pensarlo les dije que sí, me aprobaron RD$10 mil y esto para mi fue una bendición. Fue la oportunidad de demostrar que mis hábitos habían cambiado.

Comencé a manejarme con la tarjeta de crédito de manera responsable, aún teniendo efectivo, pagaba con la tarjeta y de inmediato le hacía el depósito a la tarjeta de crédito, la volvía a usar y así sucesivamente. Siempre respetando la recomendación de no hacer uso de más del 50% de su disponible. Esta regla la aprendí en el taller de finanzas. Manejaba mis tarjetas celosamente y siempre hacía los pagos a tiempo.

Mi interés era estar preparada para cuando me tocara solicitar mi préstamo hipotecario y demostrarle al banco que tenía solvencia para ello, cosa que se me hacía difícil, ya que debía refutar con evidencias lo que decía el historial sobre mí.

Investigando me enteré de que estaba la opción de solicitar una tarjeta de crédito con garantía de certificado de depósito. Tomé RD$ 100 mil, abrí un certificado y me entregaron una tarjeta de crédito con un límite de RD$ 80, 000. Esto para mí fue la salvación; ya las entidades que entraban a ver mi información crediticia me “veían con otros ojos”. Cada vez me comenzaban a ofrecer más servicios bancarios.

Comencé a manejarme con bancos grandes, en lugar de cooperativas, creando cuentas bancarias nuevas, una de mi negocio, la de nómina, una donde colocaba mensualmente el monto que pagaba a la constructora correspondiente al inicial… Fue así como fui entablando relaciones con más bancos y siempre llamaba a mis ejecutivos de cuenta, haciéndoles saber desde un principio mis objetivos! Los hacía participes de mis planes y sueños; siempre me tenían pendiente para las ferias y ofertas que ofrecían los respectivos bancos.

En la medida en que se limpiaba mi historial me iba emocionando. Llegó un momento en que mis deudas malas fueron cerradas y eliminadas aquellas que no debían existir en el buró. Mi score subía y así mis esperanzas de estar lista para asumir el nuevo compromiso de préstamo hipotecario. ¡La fecha se acercaba!

Para entonces ya había entregado un 10% del valor del apartamento para apartarlo, ahorro que había acumulado durante tres años. Al firmar contrato con la constructora, el acuerdo era completar el 35% pagando cuotas mensuales por 24 meses, que incluía pagos extraordinarios dos veces al año. Mis bonificaciones, doble sueldo, ingresos extras (del negocio- también vendía ropa de mujer de manera informal) y el recorte significativo del gasto discrecional me ayudaron a completar el pago del inicial durante la construcción del apartamento. Solo el 65% sería tomado al banco en calidad de préstamo al momento de la entrega del proyecto.

Me sentía realizada económicamente, sin embargo el temor de qué pasaría cuando aplicara para mi préstamo hipotecario era un fantasma que me perseguía.

En septiembre del pasado 2017 apliqué para el crédito por RD$ 2.9 millones a 15 años. El mismo fue aprobado por una asociación de ahorros y préstamos a una tasa del 9% fija a 5 años (pude aprovechar la liberación de recursos del encaje legal), pagando cuotas mensuales de RD$ 31,900.00.

Tomé la decisión de rentarlo, ya que entre cuota de préstamo, mantenimiento, pago de luz y utilidades, estos gastos estarían representando un porcentaje muy alto con relación a mis ingresos. Entiendo que puedo seguir viviendo con mis padres por el próximo año. ¡Ellos dicen que no les molesto! Esto me permitirá poder bajar la cuota y, para el año que viene, sí estar preparada para independizarme.

Hace poco menos de un mes firmé contrato donde pude rentarlo a una persona soltera por RD$ 29,000; yo estaría pagando solo los RD$ 2,900 restantes para completar el pago del préstamo y asumiendo el pago de mantenimiento por RD$ 8,000. 00. ¿Cómo me estoy manejando? Hago el pago normal de la cuota del préstamo de mis ingresos, pago el mantenimiento con lo que me pagan de renta y los otros RD$ 21,000 se los abono al capital.

Me siento feliz y en paz, porque paso a paso he ido cumpliendo mis metas. financieramente me siento estable y aunque le debo “la vida” al banco, tengo control de mis finanzas y eso me da tranquilidad.

Agradezco inmensamente cada artículo que publicas; escuchar Argentarium Radio, las conferencias Preserva (iba a todas) y cada uno de tus consejos impactaron mi vida, mis finanzas y fueron clave en el cumplimiento de mis objetivos, ¡de mi sueño!

¡Gracias por todo!

Un abrazo.


Nota: Por razones personales la autora de este testimonio prefiere hacer reserva de su nombre.

-Si usted tiene una historia sobre el manejo de sus finanzas que puede resultar útil o estimulante para otros, puede publicarla a través de este espacio. Escríbanos a info@argentarium.com.

-Recomendamos leer otras historias compartidas en nuestra sección de Testimonios.

Source URL: https://www.argentarium.com/defensor-financiero/testimonios/36567-testimonio-nunca-habia-escuchado-usted-no-califico-me-doliera-tanto/


La paradoja de la usura criolla (3/3)

by Alejandro Fernández W. | Ago 24, 2017 7:03 am

¿Por qué somos el pueblo que más recurre a los prestamistas informales, según el Banco Mundial? Les pregunté y ustedes, fieles lectores, respondieron. Estoy convencido de que en el conjunto de sus ideas está la solución a nuestra paradoja.

Podemos resumir los factores que inciden en la fortaleza de la usura en dos componentes: Los vinculados a la oferta, por un lado, y a la demanda, por otro, del crédito para el consumo de las personas y sus hogares. Ambos elementos, oferta y demanda, parecen jugar roles igualmente importantes.

Antes de profundizar, una observación. De las casi 50 reacciones que recibimos, solamente dos se refirieron al contexto económico más amplio del hogar dominicano, en cuanto a los bajos niveles de ingresos, la escasez de esas fuentes salariales, el alto costo de la vida y lo limitado de la red pública de apoyo familiar.

Esa cruda realidad, de la miseria generalizada que enfrenta la mayoría de la población dominicana, incide en una mayor demanda para el crédito, formal o informal.

Pero debemos también recordar que no somos el país más pobre del mundo, ya que hay, sin importar cómo se mida, decenas de otros países con mayores niveles de miseria que el nuestro y donde no hay tanta prevalencia a la usura como aquí.

El endeudamiento no es buen sustituto para el ingreso, por lo menos de forma estructural. Pensar que se está “resolviendo” endeudándose, con quien sea, de forma recurrente, es simplemente desvestir un santo para vestir otro o hundirse, irremediablemente, en la trampa de la deuda.

La oferta de crédito

En cuanto a la oferta del crédito informal o de los prestamistas, hay que destacar que aunque sin duda extremadamente costoso, “fluye” con muy pocas restricciones, exigencias o formalidades.

El usurero dominicano ha sabido diseñar un producto idóneo que no discrimina por historial de crédito, apellido o patrimonio. Solo requiere de una necesidad y la capacidad de identificar una fuente de repago (como una tarjeta de nómina), por lo menos de los altos intereses que compensarán por las pérdidas que se asumirán en el camino.

Reiterada fue la mención a la realidad de los “leprosos bancarios”, es decir, personas que en algún momento tuvieron acceso al crédito formal pero que, al perderlo (por la razón que fuera) no pueden solicitar nueva vez a la banca y están, para los fines, condenadas a trabajar con su única opción: El prestamista.

Algunos lectores observaron que si bien es cierto que la banca formal trabaja con personas de menores ingresos, lo hace solo a través de tarjetas de crédito y se tiene la percepción (que en mi opinión, no es realidad en todo el sector) que quien ingrese RD$20,000 mensualmente no puede acceder a un préstamo a cuotas de RD$30,000.

No cabe la menor duda, eso si, de que las entidades formales deben hacer un mejor trabajo de reducir las aprensiones y prejuicios que la población tiene acerca de ellas, en cuanto a las bondades de sus productos.

Por ejemplo, resaltar su costo de un 30% anual versus el 360% cobrado por el prestamista. ¿Otra información útil? La facilidad con las que se pueden hacer pagos en las entidades formales, sin tener que sacar del limitado tiempo del usuario para enfrentar las “interminables” filas en los bancos.

Retos del usuario financiero

Si bien es cierto que en sus respuestas nuestros lectores encontraron muchos fallos en “el sistema” y sobre todo en la oferta de proveedores formales como los bancos, no se limitaron a la victimización, pues identificaron importantes retos propios a los mismos usuarios y su demanda del crédito tóxico.

La ausencia de una adecuada educación financiera, vista de una forma bien amplia, explica una gran parte del por qué somos líderes a nivel mundial en términos de la recurrencia a la usura, según las reacciones que recibimos.

Satisface leer cuán amplia es la visión de lo que debe ser la educación financiera. No se trata solamente de informaciones pertinentes y actualizadas (“¿cuáles son las tasas de interés vigentes en el mercado?”), ni de conocimiento en sí (“¿cómo calculo el costo efectivo de un préstamo tomando en cuenta las comisiones?”) sino de cambios en comportamientos (“debemos comparar la tasa del prestamista y la del banco” y “toca planificarnos para enfrentar las emergencias con ahorro, no con deudas”).

Algunos lectores hacían referencia a los valores y las prioridades de muchos en nuestra sociedad del consumismo extremo, donde muchas personas tienen un teléfono inteligente último modelo (pero no tienen minutos para llamar) o un vehículo nuevo (pero con el pago del seguro vencido).

La mantra clásica de que debemos arroparnos hasta donde alcance la sábana tiene mucho de verdad pero vale recordar que no somos la sociedad líder en vivir del “BAM” (bulto, allante y movimiento”) aunque el concepto sea criollo.

¿Qué podemos hacer?

La usura es tan vieja como la más vieja de las profesiones. Es hasta bíblica y no desaparecerá, ni aquí ni en ninguna parte, mucho menos de la noche a la mañana. Sin embargo, todos podemos aportar para que República Dominicana pierda el deshonroso liderazgo mundial en este ácapite de las finanzas.

Iniciando en el hogar, donde debemos replantear lo que se valora y prioriza (y cómo se planifica y financiará), hasta las escuelas para enseñarnos lo que significa y cómo se calcula un simple por ciento (para entender las tasas de interés), nuestras instituciones financieras para que dimensionen y valoren mejor la inmensa oportunidad de mercado que significa tener menos usureros y más crédito responsable y sostenible.


 

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¿Fijar o no fijar la tasa de interés de tu préstamo?

by Alejandro Fernández W. | Ago 17, 2017 7:18 am

“Para predecir lo que ha de suceder, antes hay que observar lo ocurrido anteriormente”, Maquiavelo.


Yocasta estaba confundida e indecisa. No sabía cómo responderle a su banco que, de la nada, la contactó para ofrecerle una tasa fija en su préstamo hipotecario. Aunque tenía la bondad de ser fija hasta el vencimiento del crédito, era un poco más alta que su tasa variable actual. ¿Le convenía renegociar su contrato?

Como ella, muchos otros dominicanos están enfrentando una situación muy parecida, sea antes de firmar el contrato o ya cuando el préstamo tiene algunos años de vigencia.

Vale reconocer, antes de entrar en nuestra recomendación, que es un gran avance en las finanzas dominicanas el que exista la opción de fijar tasas de interés a largo plazo (por cinco, diez y hasta veinte años), más allá de cada tres, seis o doce meses.

Profundicemos el caso de Yocasta. Ella firmó su préstamo a veinte años en el 2011, por lo que tiene todavía catorce años por delante. La tasa original era de 11.5%, pero le aumentó antes del primer año.

«Ha llegado a estar muy alta, incluso una vez llegó al 16.5%. Me quejé en ese momento con el banco y logré que la bajaran a 13.3%, que es la tasa que pago ahora», me dijo.

Claramente ansiosa, Yocasta me explicó por correo: “Ahora me vienen con la oferta de fijarla por la vida del préstamo a 13.95%. ¿Valdrá la pena? Estoy pagando una cuota de RD$23,900 y si la fijo, subiría a RD$24,800 al mes”.

Le pregunté por dónde andan sus ingresos. “Son RD$55,000, por lo que ya tengo comprometido el 44% de mis ingresos”, respondió, adelantándose al cálculo que pensaba hacerle.

Saber cuáles riesgos asumir

No hay una respuesta “correcta” al reto que enfrenta cualquier deudor, como Yocasta, frente al dilema de si fijar o no fijar.

Depende, por un lado, de las perspectivas de las tasas a futuro (algo que ni el más encumbrado economista puede predecir más allá de algunos meses en el país).

Dependerá, también, del perfil de riesgo de cada deudor. Hay algunos que se sienten cómodos manejando este tipo de incertidumbre financiera, y están dispuestos a “jugársela”, confiando en que las tasas variables se mantendrán relativamente bajas en relación a las ofertas de tasas fijas disponibles en el mercado.

Otros deudores como Yocasta, sin embargo, no se sienten tan a gusto. Tienen muchos otros riesgos e incertidumbres en su día a día. Desde la inestabilidad en sus ingresos hasta los constantes aumentos en el costo de la vida y los imprevistos que le pueden surgir a cualquiera de la noche a la mañana.

Por ejemplo, nuestra lectora se quejaba de haber pagado hasta un 16.5%, o una cuota mensual de RD$25,500.

Yocasta, de hecho, tuvo suerte. Durante los últimos 10 años, la tasa llegó a ser tan alta como 22.2%, lo que le hubiese generado una cuota de RD$38,100. De haberle “tocado” esa parte del ciclo económico, habría comprometido, sólo en pagar su vivienda… ¡el 70% de sus ingresos mensuales!

El pasado, el futuro

Durante los últimos 120 meses (10 años), un 13.95%, o la tasa de interés fija que ahora le ofrecen a Yocasta, habría sido más costosa que el promedio del mercado durante 84 meses o el 70% del tiempo.

De hecho, en los últimos cinco años, la tasa ha promediado sólo 11.9% y siempre (durante cada uno de esos 60 meses) ha estado por debajo de la tasa fija ofertada.

Así las cosas, ¿quién optaría por una tasa fija más costosa? Sencillo. Porque no podemos, bajo ningún concepto, asumir que lo vivido en los últimos 5 o 10 años se parecerá a lo que enfrentaremos de aquí al 2022 o al 2027.

¿Mi recomendación? Salvo que Yocasta pueda prepagar una parte importante del préstamo, en caso de que le aumente significativamente la tasa de interés, o que ella tenga una bola de cristal para predecir mejor que el Padre Alemán lo que ocurrirá en los próximos 10 años, haría bien en considerar fijar la tasa de interés al 13.95%.*

(*) Nuestra recomendación asume que lo único que variará en su contrato de préstamo será el cambio en la tasa de interés de variable a fija. Yocasta, y cualquier otro deudor, debe confirmar con su banco que, en efecto, ese es el caso.

Source URL: https://www.argentarium.com/argentarium/32380-fijar-no-fijar/


La paradoja de la usura criolla (2/3)

by Alejandro Fernández W. | Jul 27, 2017 7:20 am

A partir de la primera entrega de esta serie, ha sido extraordinaria la cantidad de retroalimentaciones recibidas de  lectores que buscan responder la paradoja de por qué recurrimos tanto al prestamista informal.

Pienso que antes de profundizar en nuestras indagaciones, es de orden algunas precisiones y aclaraciones en cuanto a la fuente que utilizamos para la serie.

El Banco Mundial, desde hace algunos años trabaja un gran proyecto sobre la inclusión financiera en más de 170 países.

República Dominicana fue incluido en los estudios de 2011 y de 2014. Aunque no se identifica quién ejecutó el levantamiento, fue a escala nacional y encuestó a más de 1,000 dominicanos con una edad superior a los 15 años.

Un estudio local, de mucha credibilidad, concluyó que la recurrencia de la usura ha disminuido en el país, a diferencia del hallazgo del Banco Mundial.

Cabe resaltar, sin embargo, que el trabajo local se enfocó en sondear a micro y pequeños empresarios, mientras que el estudio del organismo multilateral es mucho más abarcador e incluye las preferencias de financiamiento de los hogares y el consumidor en general.

Otros datos sorprendentes

Debemos también entender que la recurrencia al prestamista informal dependerá de cuán arraigada es la vocación de endeudarse de una población en general.

En este sentido, es fascinante ver, como mostramos en la primera gráfica, que el dominicano tiende a endeudarse con mucho mayor frecuencia que sus pares en la región latinoamericana.

Por ejemplo, según el Banco Mundial, 54% de la población recurrió en los últimos 12 meses a financiarse con terceros, una incidencia del crédito muy superior al 33% que predomina en la región.

Un 15% se financiaba para solventar gastos educativos y un 11% para fines empresariales, por lo que podemos concluir que una parte muy importante del crédito se procura para el consumo y adquirir activos como vehículos y bienes raíces.

En cualquier caso, sea en general o para educarnos o emprender, tendemos a buscar el crédito en terceros (y no al ahorro propio) en mucho mayor magnitud que en otros países.

Es en este contexto, de que nos endeudamos más, que debemos entender la alta incidencia del crédito informal criollo al compararlo con el resto del mundo.

¿A quién le debemos?

Cuando el dominicano tiene un lío, a quien primero visita es a un familiar o un amigo. El 22% de la población buscó ese apoyo en el transcurso del año.

¿Su segunda fuente de crédito preferida? Como vimos en la primera entrega, 21% de la población busca el apoyo del prestamista informal (es decir, no regulado) privado, a diferencia del 5% que es el promedio predominante en otros países.

Las instituciones financieras, bancos, asociaciones de ahorros y préstamos, cooperativas y otras entidades formales, son la última opción de financiamiento, atendiendo 18% de los encuestados.

Es interesante, pues en otros países de América Latina la vía formal es la segunda opción de preferencia (11%) y es más del doble de la oferta informal (5%).

Claramente, por lo menos como conclusión del estudio del Banco Mundial (actualizado la última vez en 2014), el sector financiero formal dominicano tiene el inmenso reto de acercarse a la población dominicana y sustituir el más costoso, aunque obviamente mucho más accesible, financiamiento del usurero.

Ahora bien, ¿cuáles son los segmentos más y menos atendidos por los bancos?

Hombre o mujer, ambos sexos reciben el mismo respaldo (18%), en promedio, de las entidades financieras formales según el estudio Global Findex 2014. En otros países, 13% de los hombres reciben ese apoyo, superior al 10% de mujeres.

Aunque los más ricos reciben mayor apoyo de la banca que los más pobres, cabe resaltar que esta desigualdad pareciera menor en el país que en la región.

¿Cómo creceremos?

De cada 100 encuestados por el Banco Mundial en América Latina, 18 contaban con una tarjeta de crédito. ¿En el país? La mitad: 9 de cada 100 encuestados.

La cifra sorprende, sobre todo porque según el mismo estudio, más dominicanos habían logrado financiar sus viviendas (14%) que los que habían accedido a una tarjeta de crédito (9%).

En cualquier caso, y proyectando a futuro, la capacidad de crecimiento que tiene el dinero y el crédito plástico en la República Dominicana es grande.

Vistos estos datos, estamos listos para integrar las opiniones de nuestros lectores, y nuestro análisis, en la tercera y última entrega de esta serie, para responder la paradoja de la usura dominicana.

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De Abraham y los cinco usureros

La trampa de los préstamos con usureros

Source URL: https://www.argentarium.com/argentarium/31848-paradoja-usura-criolla-2/


La paradoja de la usura criolla (1/3)

by Alejandro Fernández W. | Jul 20, 2017 6:59 am

“La data muestra que se mantienen grandes oportunidades para aumentar la inclusión financiera, especialmente entre las mujeres y los más pobres”.

Asli Demirguc-Kunt et al. “The Global Findex Database 2014 – Measuring Financial Inclusion around the World”


Quince años atrás, poseer una tarjeta de crédito era evidencia plena de ser miembro de la clase media, casi media alta, en la sociedad dominicana.

Quince años atrás, la banca destinaba el 90% de su cartera de préstamos al crédito comercial, y sobre todo a las grandes corporaciones locales y extranjeras, pues las pymes de entonces no recibían el respaldo bancario de hoy.

Es decir que, iniciando el siglo, los grandes bancos apenas destinaban el 10% (y hasta menos) a los préstamos personales, de vehículos, de tarjetas e, incluso, los hipotecarios para la vivienda.

Sí, existían proyectos como Ademi, Adopem y otros, dedicados a apoyar a la microempresa, pero en una escala todavía muy limitada en aquella época, por su estructura orgánica y el alcance de sus operaciones.

En el entorno bancario de 2002, pues, la gran mayoría de los dominicanos recurrían a las financieras, las casas de empeño y de “préstamos de menor cuantía”, los “dealers” de vehículos y, por supuesto, a los usureros y prestamistas informales para atender su demanda de crédito.

¿Avanzamos, Sancho?

En 2017, hasta un jornalero de bajos ingresos puede contar con una tarjeta de crédito. De hecho, hay 650,000 plásticos con límites inferiores a los RD$10 mil, lo que confirma esta afirmación.

Pululan las autoferias, expohogares, banca en línea, subagentes, préstamos desembolsados por teléfono e internet y cajeros electrónicos que reciben depósitos. Tenemos el doble de sucursales y más del triple de cajeros.

Para mi primer préstamo hipotecario, tomado precisamente en 2001, mi padre usó sus “buenos oficios” para gestionar la aprobación, decisión que tomó varios meses en materializarse. Hoy se aprobaría en pocos días.

Los burós de crédito, que son clave para la “democratización” del crédito, eran iniciativas incipientes y su nivel de cobertura aún muy limitado. Hoy tienen, con lujo de detalles, más de la mitad de la población en sus archivos de datos.

Ni hablar de la tecnología con que la banca ahora cuenta (como los modelos de puntaje o “score” de crédito, bases de datos masivas, “apps”, accesos y contactos electrónicos con su clientela) que antes eran sólo ciencia ficción.

Tantas bellezas, pues, han viabilizado la masificación del crédito de forma extraordinaria a través del crédito formal, razón por la cual hogares y pymes reciben RD$440 mil millones en 2017, comparados con sólo RD$40 mil millones en 2002. ¡Qué bien!

La gran paradoja

Los avances en materia de inclusión financiera y la “bancarización” de la sociedad dominicanason, pues, incuestionables. En más de una ocasión han sido analizados y hasta celebrados aquí.

Ahora bien, surgen dos preguntas que evidencian, para mí, la gran paradoja de la usura criolla.

Primero: ¿Por qué persiste el “módico 20%” al que presta el usurero? ¡Incluso uno salió al mercado con el «módico 30%»!

Segundo: ¿Por qué somos el primer país, ¡en el mundo!, cuya población adulta recurre más a usureros y prestamistas informales?

Quisiera sus opiniones. Las espero en afw@argentarium.com.

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De Abraham y los cinco usureros

La trampa de los préstamos con usureros

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El suicidio económico

by Alejandro Fernández W. | Jul 6, 2017 6:27 am

“La depresión viene de un sentido de pérdida y los problemas financieros muchas veces reflejan pérdidas, de empleos o de ingresos. También viene del enojo dirigido internamente hacia uno mismo y quienes están enliados muchas veces se culpan a ellos mismos”.

Doctora Carole Lieberman, psiquiatra


Cabizbajo, Alberto llegó a la playa de Long Beach. Se quitó su camiseta para amarrarla a una mata de uvas de playa a la que subió. Saltó. Murió, “asfixiado por ahorcamiento”, según el médico legista.

En San Pedro de Macorís, Matías procuró un cable eléctrico. Sin decirle a nadie, entró a su habitación. Colgó el cable a un madero que se destacaba en el techo. Subió a una silla y saltó. Murió.

José, de 36 años, estuvo por dos días en casa de su hermano en Villa Duarte. Lo acompañaba su hijo, de solo cinco años. En la tarde del domingo se despidió. Se pensaba que irían a la parada de transporte a tomar la guagua que los llevaría a Santiago.

Aunque parecía “tranquilo y que no padecía de trastorno mental ni problema psicológico”, según afirmaron sus familiares, José no fue a la estación. Se acercó al puente Juan Pablo Duarte y desde lo más alto, saltó de la mano de su pequeño hijo. Murieron en el acto.

Julio era un hombre de Dios. A sus 59 años, pastoreaba una congregación evangélica, también en Santiago. En la madrugada del martes pasado, se encaramó a la barandilla del puente Hermanos Patiño. Se lanzó al vacío. Falleció.

Podría seguir.

¿Qué tenían en común Alberto, Matías José y Julio? Aparte de haber expresamente querido terminar con sus vidas, pareciera que los cuatro enfrentaban serios problemas económicos.

Las razones que llevan a alguien al suicidio casi siempre son diversas y complejas, nunca atadas a un solo factor. Pero, por lo menos según los familiares, las declaraciones finales y notas de despedida, estos casos tenían las deudas como una razón en común.

Alberto andaba “deprimido porque un banco lo colocó en Cicla por una deuda”. Lo de Matías “se presume que fue por deudas económicas”. José, según los suyos, sí había comentado “que tenía problemas económicos”. En cuanto al pastor Julio, pareciera ser que “andaba deprimido por una deuda de RD$40 mil pesos.”

Razones y un ciclo que preocupan

En cualquier mes, Argentarium recibe más de 100 mensajes de lectores y seguidores que se acercan a nosotros buscando orientación en temas financieros.

¿Ahogado en las deudas? No te desanimes. Toma el control de tus deudas y sal adelante con estos consejos.

De cada 10 mensajes, 7 u 8 están vinculados al sobreendeudamiento que enfrentan los lectores. De estos, alrededor de la mitad admite de que ha pensando «en lo peor».

El más reciente de estos mensajes fue de una mujer en Santo Domingo Este, que nos relataba cómo entraba a la ducha, no para bañarse, sino para llorar sin que uno de sus tres hijos la escuchara.

Otra madre escribió preocupada porque unos usureros secuestraban y amenazaban con cortarle la mano a su hijo.

Conjugando ambos mensajes maternos con la noticia del pastor que se suicidó por deudas y depresión, surge la pregunta: si esto es ahora, con la morosidad bancaria en su nivel más bajo, con el crédito privado fluyendo como río desbordado y la tan pregonada estabilidad macroeconómica, ¿qué será del deudor dominicano en otra coyuntura?

En Estados Unidos, la Asociación de Psicólogos Americana encuesta anualmente cuáles son los principales detonantes de estrés y ansiedad en las personas. Año tras año, el factor económico es el elemento determinante, el principal, que afecta al 70% de los encuestados.

Según el Centro para el Control de Enfermedades, 80% de todos los gastos médicos están vinculados a temas de estrés.

Investigadores de la universidad de Harvard, analizando cuáles eran las principales factores que incidían en la declaración de bancarrota o quiebra personal, concluyeron que estaban asociados a “deudas vinculadas a problemas de salud”.

Como se ve, pues, el ciclo problemas financieros-estrés-quebrantos de salud es tan pernicioso y mortal como el peor imaginable.

¿Qué podemos hacer?

Idealmente, evitar el sobreendeudamiento. Entender que los problemas de consumo excesivo o pobres ingresos no se resolverán solventando déficits con deudas sobre deudas sino que, todo lo contrario, solo tenderán a exarcerbarse y empeorar.

No se trata de evitar las deudas a todo lugar, solo que deben manejarse dentro de límites razonables, resguardando siempre un mínimo de liquidez para enfrentar los vaivenes en los ingresos familiares y asegurándose de que si se va a deber, sea para adquirir un activo de valor, no un gasto corriente o innecesario.

Lea: El crédito responsable

Si se está en el lío, el deudor debe procurar ayuda. ¿Su primer paso? Comunicar la situación a sus familiares cercanos. Demasiados son los “enlodaos” que, al preguntarles si han transparentado su problema a su mismísima pareja, admiten que, “por vergüenza”, no lo hacen.

Recordar que todo pasa. Que peores problemas se han vencido en el pasado. Que nadie está obligado a lo imposible y que, con tiempo, esfuerzo y el apoyo de personas cercanas, son pocas las coyunturas económicas que no se superan.

Para quienes estén cerca de la persona sobreendeudada, la llamada es a estar alertas. A reconocer lo frágil de la condición humana. Por ejemplo, en el Reino Unido, 25% de la población sufre o ha sufrido de alguna enfermedad mental. ¿Cuál será esa proporción aquí? Respetemos y recordemos todos el ciclo finanzas-estrés-salud. ¡No lo ignoremos!

Nuestros bancos, finalmente, deben esforzarse aun más para cuidarse ellos mismas (¡y a toda la sociedad!) de los excesos del crédito fácil. Tanto en sus procesos de otorgamiento, seguimiento y de cobro (compulsivo o no), ojalá que los banqueros respeten el crédito. Es un asunto de vida y de muerte. ¿Verdad?

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Source URL: https://www.argentarium.com/argentarium/31216-el-suicidio-economico/


El Premio Argentarium 2017

by Alejandro Fernández W. | Jun 8, 2017 12:29 am

Es sano reconocer lo bueno. Incluso premiarlo, para estimular los mayores avances e innovaciones en ámbitos todavía nóveles, como la educación e inclusión financiera en la República Dominicana.

El Premio Argentarium surgió hace cinco años como una humilde forma de incentivar los aportes más humanos y sociales que los gestores de nuestras entidades financieras implementan más allá de las acciones por la mera rentabilidad bancaria.

Al igual que el año pasado, en esta oportunidad contactamos directamente al “Top 20” de Argentarium, o las primeras entidades más grandes del país, para que nos presenten sus novedades del año 2016.

Muchas entidades siguen profundizando y expanden programas existentes, por lo que aunque no son mencionados aquí, no cabe duda del valor que aportan, como es el caso del Banco Popular, que ejecutó un presupuesto en obra social y donaciones de RD$240 millones en 2016.

Inclusión y derechos del usuario

En el ámbito de los usuarios, reconocemos el programa “Alpagador”, de la Asociación La Vega Real (Alaver), primer plan de recompensa que reconoce a sus asociados buenos pagadores.

Banesco innovó integrando los “score” de créditos de sus clientes de tarjeta de crédito en sus estados de cuenta, brindándoles también pistas para mantener y mejorar sus historiales crediticios.

La Nacional siguió expandiendo su ambicioso programa de educación e inclusión financiera y social, presentando productos muy asequibles como su San Fácil Bienestar y Prepago Bienestar, su tarjeta de crédito Confía Más para hacer y rehacer el crédito, además de desarrollar “stands” móviles en sectores económicamente deprimidos para promover el ahorro y la educación financiera.

En Adopem siguen ejecutando su amplísimo programa de “Finanzas Productivas Responsables”, presentaron en 2016 su iniciativa “Finanzas Rurales y Ambientes” y, entre otros, un nuevo proyecto de emprendimiento en Miches.

Banco del Progreso mantiene su línea enfocada en el emprendimiento, desarrollando comunidades a través del nuevo “Programa Reciclando Esperanzas.”

A favor de la educación financiera

Los niños y jóvenes fueron el foco de las nuevas ofertas de educación financiera de muchas entidades durante 2016.

Asociación Cibao presentó su “Pequeños ahorrantes hoy, grandes mañana”; Banesco recurrió a un chef financiero para implementar su “Cocina y aprendo con Banesco”; mientras que Ademi diseñó e implementó su nuevo y ambicioso “Programa de Educación Financiera”, a ejecutarse en 40 talleres a nivel nacional.

BHD León, que mantiene el liderazgo en aspectos vinculados a su estrategia de género, presentó “Valora Ser”, una ambiciosa alianza pública-privada con el Ministerio de Educación, para impactar en nuestros estudiantes de forma integral.

La banca extranjera no se quedó atrás. El Citi se mantuvo trabajando a favor de las mujeres, capacitándolas en temas de emprendimiento y auspiciando el prestigioso Premio Microempresarial Citi.

Scotiabank implementó en el país su ambicioso y multimillonario proyecto “Camino al Éxito”, enfocado en los jóvenes, sus finanzas y el emprendimiento.

Y el ganador es…

Desde el 2014, nuestro ganador ha venido implementando uno de los programas más ambiciosos de educación e inclusión financiera y de desarrollo comunitario y empresarial de la banca.

En 2016 siguió ampliando su obra, con innovadoras iniciativas digitales, tales como Milkcash.do; educativas, a través de su programa Preserva; de desarrollo social, con su programa Coopera y de emprendimiento, a través de su ya laureado programa Cree.

El Premio Argentarium 2017 va, pues, al Banco de Reservas. ¡Felicidades!

Nuestro primer laureado fue Banco Popular, por sus adecuaciones a la transparencia de su tarjeta de crédito en 2014. BHD recibió el segundo reconocimiento por su tarjeta Recomienza. Honramos luego al Banco Central por su compromiso con la educación financiera y el año pasado al Banco Adopem por su obra a favor de la inclusión financiera.

Source URL: https://www.argentarium.com/veedor/30559-el-premio-argentarium-2017/


Cómo me defendí cuando intentaron cobrarme más del 200% de lo que debía

by Redacción Argentarium | May 19, 2017 4:18 pm

¡Hola! Quiero compartir mi testimonio con ustedes ya que lo que me pasó es algo bastante usual y podría ocurrirle a cualquiera.

En noviembre de 2016 se me presentó una emergencia y me encontré en la obligación de solicitar un préstamo rápido de RD$80,000.00, con la intención de saldarlo en menos de seis meses.

Terminé solicitando un préstamo a una compañía con una estructura que parecía similar a la de una financiera, con un 5% de interés mensual sobre el saldo insoluto, por un plazo de 36 meses (para que la cuota no fuera tan alta).

Lo hice a sabiendas de que la tasa era alta, porque tenía la posibilidad de saldar el préstamo de manera anticipada sin penalidad, condición que me “vendieron” insistentemente, pues era la única que me interesaba (estaba tan apurada que casi ni me importaba el interés).

Leí minuciosamente el contrato de préstamo, pues acostumbro a hacerlo y principalmente para asegurarme de que la posibilidad de saldo anticipado se encontraba disponible sin penalidad y de cómo serían aplicados mis pagos.

Aunque no pueda cambiar el documento, sí puede cambiar su decisión de hacer negocios o no con una empresa.

En marzo del año en curso, solo con cuatro cuotas pagadas del préstamo, me acerqué a la empresa para solicitar mi balance de cancelación, pues estaba en la disposición de cancelarlo en abril.

Ahí fue cuando se me informó que el monto a pagar para saldo era de RD$184,236.92, es decir, más del 200% del capital prestado (¡hasta una certificación me entregaron diciendo esto!).

Me explicaron que me estaban cobrando los intereses de los meses que me faltaban del préstamo. Ante esta situación, imagínense la indignación, la impotencia, el desamparo que sentí, pues no podía creer que había caído en tremendo “gancho” tan injusto.

Luego de sacudirme el choque inicial, procedí de inmediato a leer mi contrato, sin encontrar cláusula alguna que indicara esta disposición.

Posteriormente, y luego de identificar que cobrarme esos valores es evidentemente ilegal, consulté una abogada especialista en la materia y a Alejandro Fernández W., reconociendo su vasta experiencia financiera y comprobada vocación de servicio. Ambos me indicaron lo mismo, que se trataba de una ilegalidad sin fundamento alguno. «Entiendo que no es legal», me escribió el señor Alejandro, y me sugirió llevar el caso a ProConsumidor si era necesario.

LEA también: licencia para deber 

Con el respaldo de estas consultas, la indignación encendida y mi contrato en mano, me acerque a la institución a “regarme” (como en buen dominicano se debe decir), y a reclamar mis derechos, dejándoles bien claro que no se saldrían con la suya, pues conozco perfectamente los derechos que me asisten y estaba en disposición de llegar hasta las últimas consecuencias con la ley de mi lado.

Eventualmente, me contactaron diciendo que el “Comité Administrativo” había decidido “perdonarme” las comisiones adelantadas y que podría solicitar el balance de cancelación actual sin estos valores, cuando considere.

Aún así continuaban tratando de engañarme diciéndome que mi balance de cancelación era de RD$82,000.00, a lo que les respondí que en su contrato dice que las cuotas comprenden: «pago de los intereses y una amortización al saldo del capital prestado». ¿Cómo era que el capital aún no bajaba, sino que aumenta?

Finalmente, me proveen una suma razonable, alrededor de RD$76,000.00, lo que sí se corresponde con la forma de pago establecida contractualmente. ¡Pude saldar mi préstamo en abril, bajo las condiciones en que me fue otorgado!

Quise compartir esta historia, pues tenemos que estar pendientes de estos abusos y, siempre, LEER el contrato, pues aunque no pueda cambiar el documento, sí puede cambiar su decisión de hacer negocios con una empresa, o por lo menos entrar en el “lío” con conocimiento de causa.

Además, nunca se puede tener miedo a pedir ayuda de los que saben más y llevarse de sus consejos, para morirse de viejo.

Gracias a Argentarium por ayudarme y permitirme el foro para compartir mi historia!


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Por razones personales la autora prefiere hacer reserva de su nombre.

Conoce las historias de superación y empoderamiento financiero de nuestros lectores visitando la sección «Testimonios» 

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