Testimonio: “Heredé el préstamo hipotecario, pero no la casa”

Testimonio: “Heredé el préstamo hipotecario, pero no la casa”

Enviudó. De inmediato, a su dolor se fueron sumando complicaciones de carácter legal y económico que no había imaginado. Nos escribió porque piensa que conocer su historia puede ayudar a muchos a prevenir los conflictos que, además de suponer una serie inagotable de trámites, tienen un pesado impacto sobre las finanzas familiares.

Buen día,

Tengo poco tiempo como lectora de Argentarium (dos meses, más o menos), pero confieso que ya soy una fiel seguidora de todos sus artículos. Me atreví a escribirles porque justo ayer terminé de leer “La Guía Para la primera vivienda”, la cual imprimí y tengo como material de referencia para mí. Tengo 37 años, soy viuda desde hace poco y con un niño de 3 años. Tras la muerte de mi esposo, después de pasar por ciertas situaciones, comprendí que la falta de orientación afecta mucho a las mujeres jóvenes que contraen matrimonio o pretenden hacerlo. 

Por eso decidí compartir mi historia con ustedes y los lectores de Argentarium. La idea es aportar explicando todas las dificultades que se pueden presentar en el proceso de adquisición de una vivienda cuando no se hace dentro del matrimonio. Sé que esto ayudará a muchos a entender qué deben hacer y cómo prepararse para esta situación.

Les explico:

Me casé a la edad de 32 años, vengo de una familia de clase media, nunca me vi en la necesidad de trabajar mientras estudiaba y, cuando termine mi carrera, comencé a trabajar.  Todo lo que ganaba era para mí, me he enliado con algunas tarjetas pero todas las he pagado y cancelado. Hoy en día cuento solo con dos, y esas son mis únicas deudas.

Cuando me comprometí para el matrimonio mi esposo y yo empezamos a prepararnos. Él entendió que su deber como cabeza de familia era proveer un hogar. Financieramente, era una persona estable, sin deudas, con un ingreso suficiente para poder tomar un préstamo hipotecario y cumplir con las cuotas.

Como todavía no estábamos casados él tomó el préstamo solo, faltando nueve meses para la unión. Yo, que no conocía nada de leyes y había crecido viendo que en mi casa el que maneja la parte económica es mi papá, entendí que era normal.

Una vez casados, los sueldos de ambos se utilizaban para el pago de los gastos familiares (es importante que sepan que él tenía un hijo de un matrimonio anterior, todos los gastos del niño eran cubiertos por él, que al final vendría siendo por los dos, ya que gracias a que yo aportartaba todo mis ingresos al hogar, él podía darle más cosas a su hijo).

Nunca, pero nunca, pensé que podría quedarme viuda. Pude imaginarme un divorcio, pero nunca la viudez. Tampoco llegué a pensar que toda la vida anterior de mi esposo diría presente ahora, que él ya no está.

Sin embargo fue así, enviudé, y no bien uno puede vivir su luto cuando empiezan a envolverlo todos los temas legales.

El primer tema con el que me encontré es que mi esposo no había contratado un seguro de vida para el préstamo hipotecario y el banco fue tan amable de enviarme el descargo que él firmó para corroborarlo. Realmente no sé por qué no tomó el seguro.  Estoy segura que no fue por un tema económico y no entiendo por qué en el banco no lo asesoraron, ya que cuando tomó el préstamo era soltero y con un hijo de 6 años.

Pero bueno, existe un préstamo vigente que cobra, mensualmente, su cuota del dinero que mi esposo tiene en esa entidad bancaria. Mi mayor asombro fue hace poco, cuando salió la Liquidación de Impuestos Sucesorales y me encontré el siguiente escenario: primero, el apartamento fue liquidado 100% por haberse adquirido antes del matrimonio y, segundo, soy codeudora, es decir, soy dueña de la mitad del préstamo hipotecario.

Dado que el Sr. X compró el apartamento como soltero, antes del matrimonio, dicho inmueble no entró en la comunidad de bienes que se forma entre los esposos, con el matrimonio. Esto debido a las disposiciones de los artículos 1401, 1402 y 1404, del Código Civil de la República Dominicana, los cuales, excluyen de la comunidad, los inmuebles adquiridos por uno cualquiera de los cónyuges antes del matrimonio”.

Entiendo que todo esto lo ampara la ley. Ahora bien, lo opuesto sucedió con el préstamo, dado que, los bienes muebles y los pasivos de cada cónyuge sí entran automáticamente a la comunidad, al momento del matrimonio. Esto conforme las disposiciones del artículo 1409, del Código Civil, que establece que la comunidad pasiva se conforma por las deudas, tanto de capitales, como de rentas o intereses, contraídas por el marido o por la mujer.

Es decir, que no soy dueña del apartamento pero sí de una deuda existente para la compra de dicho apartamento. Y si en mi matrimonio no hubiéramos tenido un hijo, me quedo literalmente  en la calle.

Sé que hay maneras legales de impugnar y está la posibilidad de lograr un fallo a mi favor, pero también puede que no, y el mal momento lo estoy pasando.

Todo esto lo escribo como una manera de desahogarme y de tratar de que se oriente a los jóvenes en general, ya que en mi entorno (hablo del que conozco) la emoción de casarnos nos nubla el entendimiento y generalmente no nos asesoramos bien.

En la Guía de la primera vivienda se habla de una pareja que piensa comprar una vivienda después de casarse, pero con mucha frecuencia el hombre es el que toma el crédito hipotecario, solo, y las cuotas de ese préstamo se pagan con el bien de la sociedad conyugal.

Yo podría abundar en este tema mucho más, pero entiendo que el escrito sería muy largo. Tengo muchos episodios qué compartir y me pregunto si son muy frecuentes o sólo me pasan a mí, por haber crecido desinformada en la materia.

Por ejemplo, todos los muebles e inmuebles que mi esposo vendió aún antes de conocernos. Sucede que en los casos en que el comprador no realizó los traspasos, los bienes continuaron a mi nombre, por lo que me vi en la obligación de pagar unos  impuestos sucesorales de unos terrenos que mi esposo vendió. De esos contratos no tengo copias y no están  en el Registro de Títulos. Mi esposo ya no está para preguntarle a quién le vendió. No me quedó más que  pagar a un agrimensor para que ubique el terreno y rogar que esté habitado y no abandonado. Lamentablemente, el segundo, es mi caso.

Por eso estoy obligada a pagar los impuestos correspondientes, por mi hijo, ya que son de antes del matrimonio. En el caso de los vehículos, al ser considerados muebles, me corresponden tanto a mí como a mi hijo.

Otro tema sumamente molesto es que mi carro, que compré antes de casarme, con el dinero de mi trabajo y una ayuda de mi padre, ahora también le pertenece a la tutora legal del primer hijo de mi esposo, ya que como es un mueble, entra en la comunidad conyugal. En este caso, el 50 % de la propiedad es mío y el otro 50%  es de los descendientes.

Sé que todo esto lo puedo impugnar, pero estoy pasando un muy mal rato.

PD: Por cierto participé  en el Taller de Finanzas Personales de este sábado 20 de febrero, quiero manejar mis finanzas, aprender todo lo que pueda, soy el mayor activo de mi hijo y quiero hacerlo bien, no quiero depender nueva vez de nadie más.


Por motivos personales, la autora de este testimonio prefiere que su nombre no sea publicado.

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