¿Cuándo y por qué  algunos subsidios familiares pueden ser perjudiciales?

¿Cuándo y por qué  algunos subsidios familiares pueden ser perjudiciales?

Como parte de una familia, debemos velar por el bienestar de los demás miembros, pero evitando sobreprotegerlos y privarlos del sentido de la realidad.


La familia es la unidad básica de la sociedad. Su dinámica, como toda actividad humana, está regida en gran medida por el componente emocional. En esta estructura se inicia nuestro aprendizaje y, muy frecuentemente, es donde empezamos a cometer un grave error financiero: el subsidio por tiempo indefinido. 

¿Por qué es malo subsidiar a alguien? En principio, no sería problema si fuera por un tiempo definido, sea por la ocurrencia de alguna catástrofe (enfermedad, accidentes, etc.) o por cualquier otro motivo. Ahora bien, cuando, por tiempo indefinido, empezamos a subsidiar a un adulto que se encuentra en pleno uso de sus capacidades, nos arriesgamos a obtener un resultado muy perjudicial. Estos son los casos a que nos referimos en este artículo.

Hablamos de subsidios perjudiciales por cuatro razones principales:

1. Creamos la cultura de la dependencia. Es normal que la persona a quien estamos ayudando empiece a acomodarse a la situación, evitando responsabilidades y dejando de desarrollar sus talentos y habilidades potenciales.

2. Exponemos a esa persona a vivir una fantasía financiera. Cuando usted empieza a “ayudar” a una persona, ya sea enviándole dinero directamente o pagándole alquileres, deudas o cubriéndole necesidades básicas, entretenimiento, etc., usted está proveyéndole a esa persona un estilo de vida irreal, que no puede sostener por cuenta propia y que en algún momento se va a caer (cuando usted ya no esté o no pueda proveerlo).

3. Propicia el derroche. Es muy probable que esto ocurra. Después de todo, ¿quién va a ahorrar electricidad o cualquier otra cosa si es otro quien paga las cuentas? Y aunque ahorre, los niveles de eficiencia administrativa suelen ser inferiores.

4. Quizás no se lo agradecerán. El receptor de la ayuda, en muchos casos, puede llegar a considerar que es su obligación suplirle, dado que usted ya lo acostumbró. No se sorprenda si empieza a exigir aún más o si le reclama airadamente cuando, por algún motivo, no pueda usted satisfacer su necesidad.

Cuando, por tiempo indefinido, empezamos a subsidiar a un adulto que se encuentra en pleno uso de sus capacidades, nos arriesgamos a obtener un resultado muy perjudicial.

Haga usted, amigo(a) lector(a), el siguiente ejercicio. Imagínese en una edad universitaria, soltero(a), viviendo en un sector de clase media, media alta o alta. Sus padres o familiares residentes en el exterior le cubren: vivienda, matrícula universitaria, transporte, servicios, celular, etc. y encima le envían digamos US$600 dólares (RD$27,000) al mes para que “no pase trabajo”. ¿Qué incentivo tendría usted para terminar esa carrera rápido, cuando ya está recibiendo más de lo que ganaría como asalariado recién graduado? ¿Cuáles serían sus expectativas salariales?

Piense en este otro escenario. Imagínese usted en el caso anterior, termina o no termina la carrera, se casa y tiene hijos. Como difícilmente encontrará un empleo que supere lo que recibía cuando era estudiante, y nuevo para que “no pase trabajo”, sus familiares ahora aumentan el nivel de ayuda cubriéndole además de la vivienda, los gastos educativos, ropas de los hijos, etc., y de repente sus benefactores fallecen o no pueden seguir ayudándole. ¿Qué será de usted y su familia? ¿Cómo mantendrá ese nivel de vida? ¿Está mentalmente preparado para ese aterrizaje forzoso a su realidad financiera?

Aunque usted no lo crea, estos escenarios que acabamos de imaginar no son tan inusuales, pues son la frágil realidad de vida de muchas personas en nuestro país.

Como parte de una familia, debemos velar por el bienestar de los demás miembros, pero evitando sobreprotegerlos y privarlos del sentido de la realidad. Lo ideal es que todos y todas puedan adquirir la responsabilidad que exige enfrentar, por cuenta propia, los desafíos de la vida.


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