¿Cómo sé si estoy siendo víctima de violencia económica? ¿Qué hacer?

¿Cómo sé si estoy siendo víctima de violencia económica? ¿Qué hacer?

Aunque invisibilizada, la violencia económica es una de las formas de agresión más comunes en los hogares. Se produce con mayor frecuencia contra las mujeres, sobre todo en sociedades en vía de desarrollo, donde ellas tienden a tener un mayor nivel de dependencia económica.

En República Dominicana no se ha estudiado suficientemente el tema y, por el momento, no hay estadísticas que expresen cuál es la incidencia de esta forma de abuso intrafamiliar.

Apenas empezamos a pensar que existe. Aún así, el hecho de que este sea uno de los países con mayor tasa de feminicidios de la región, puede ser una señal de que también tenemos más manifestaciones de violencia psicológica y económica que otras sociedades.

La violencia económica puede estar asociada a violencia psicológica y física, de modo que es solo un eslabón de una realidad más compleja y grave.

¿Cómo identificamos la violencia económica? ¿Cómo sabemos si estamos siendo víctimas? Y lo más importante, ¿qué debemos hacer si descubrimos que, en efecto, lo somos?

El Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM) y Argentarium organizaron un conversatorio con mujeres activistas y con víctimas de violencia, con la idea de reflexionar en torno a estas cuestiones.

En el evento, el asesor financiero Alejandro Fernández W., director de este portal, citó algunas de las situaciones que, por lo general, son evidencias de violencia económica. Enumeramos las principales:

  • Tu pareja te prohíbe trabajar, aunque quieras hacerlo y no tengas ninguna limitación de salud que te lo impida.
  • Sabotea tus oportunidades de empleo o crecimiento laboral. Acosa o molesta en tu lugar de trabajo, te impide cumplir con tus responsabilidades, te impide ir a citas o entrevistas laborales. Tu pareja puede estar agrediéndote si te prohíbe atender oportunidades de desarrollo profesional, como entrenamientos o educación continuada.
  • Administra las finanzas del hogar con un control extremo de los gastos e ingresos. Por ejemplo, limita mucho el dinero disponible para ti, te asigna una “mesada” que decidió unilatiralmente, etc.
  • No permite que tengas acceso a las cuentas bancarias. En muchos casos, el agresor impide que la víctima tenga sus propias cuentas o le prohíbe tomar decisiones y hacer movimientos en las cuentas mancomunadas o conjuntas.
  • No te incluye en las decisiones de inversión o bancarias. Toma decisiones de inversión importantes con los recursos del hogar sin tu conocimiento ni aprobación. Por ejemplo, vender o adquirir un bien de alto valor.
  • Te obliga a contraer deudas. A adquirir un préstamo, a consumir con una tarjeta o línea de crédito a tu nombre, o bien, lo hace a través de una cuenta de crédito conjunta.
  • Se rehúsa a trabajar. Aunque podría hacerlo y aunque se lo exijas, decide no trabaja y vivir cómodamente de los recursos que tú ingresas al hogar.
  • Se niega a aportar dinero en al hogar. Aunque genera recursos, te presiona económicamente: deja que cargues sola con las responsabilidades del hogar o limita los fondos disponibles para cumplir con las necesidades básicas de los niños, como alimentación, educación o medicamentos.
  • Te obliga a emitir cheques sin fondo. Luego, tienes que lidiar sola con las consecuencias.
  • Te esconde bienes o activos contraídos durante el matrimonio.
  • Te obliga a trabajar en una empresa familiar sin remuneración.
  • Se rehúsa a pagar las facturas de servicios del hogar contratados a tu nombre y daña tu score de crédito.
  • Te obliga a solicitar beneficios. Apoyo económico de tus familiares o subsidios públicos, aunque no lo consideres necesario.
  • Te obliga a hacer reclamaciones fraudulentas con tu póliza de seguros.
  • Se resiste a aportar para la manutención de los niños.
  • Manipula el proceso de divorcio, extendiéndolo más de la cuenta y escondiendo o negando la existencia de activos, haciendo que resulte más costoso, etc.
  • Falsifica tu firma en documentos bancarios o legales.
  • Te obliga a darle un “poder legal” para tomar decisiones financieras.

Si pasas por alguna o varias de estas situaciones consideradas evidencias de maltrato económico, lo recomendable es buscar ayuda lo antes posible. Acudir al PACAM en procura de orientación es un buen primer paso.

En su nivel avanzado, la violencia económica puede estar asociada a violencia psicológica y física, de modo que es solo un eslabón de una realidad más compleja y grave.


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