Gestionar las inversiones siempre es una tarea delicada. Puede tener mayores particularidades cuando el inversionista es una persona envejeciente o jubilada que vive del retorno que generan sus instrumentos.

Lamentablemente, estas personas tienen a estar menos asesoradas –o asesoradas de manera inapropiada– para los fines de toma de decisiones en sus circunstancias tan singulares.

Luis Veras, analista financiero autorizado (CFA, por sus siglas en inglés),  explica que a este segmento de los inversionistas los afecta de manera especial la falta de definición.

En este aspecto, señala que los envejecientes o personas jubiladas tienden a prestar demasiado atención a las ganancias que pueden obtener con un determinado producto de inversión, mas no así en la procedencia de dicha renta.

“Se enfocan en el supuesto número de rentabilidad, pero no se dan cuenta de dónde viene“, plantea.

Al respecto, expone que las ganancias provienen principalmente de dos fuentes: apreciación del producto financiero en el que se tiene invertido un capital o del pago de dividendos o un cupón.

“Muchas veces se compran productos financieros que ofrecen gran rentabilidad, que es la rentabilidad que contempla apreciación de capital y flujo de capital”.

Sin embargo, destaca, las personas que viven de sus ahorros e inversiones deben pensar en la necesidad de efectivo para desenvolverse en el día a día.

“Debe de tratar de que el grueso de rendimiento provenga del flujo de caja y no de su apreciación”, indica.

Tampoco irse al extremo

Veras no recomienda irse al otro extremo: dejar de percibir mejores rentabilidad por tener efectivo en menor tiempo o con más frecuencia.

“Se estaría lesionando el flujo total que recibe a lo largo del año”, explica.

Lo que hay que hacer, sugiere, es una planificación de los flujos de caja: es decir, saber manejarse con el dinero que se reciba cada período relativamente largo.

“Se puede dejar la parte gruesa del capital a largo plazo y solo usar los cupones que se pagan semestralmente, invertirlos a corto plazo”. Un tip de Luis Veras para retirados y envejecientes.

También, tomar una parte para sustentar los gastos corrientes inmediatos e invertir, a un plazo más corto, el dinero que se necesite para un momento más alejado.

Por ejemplo, si se tiene una inversión de la que se recibe renta cada seis meses, utilizar una parte para suplir las necesidades más inmediatas y, el resto, reinvertirlo en períodos más cortos que la inversión grande: a 30 días, 60 días, 90 días, etc.

Un consejo: redactar una declaración de política de inversión

Luis Veras recomienda a los inversionistas de edad muy avanzada elaborar una declaración de política de inversión,  una especie de manual que determine los procedimientos a llevar a cabo para tomar las decisiones financieros cuando ellos tengan un deterioro en su capacidad cognitiva como consecuencia de su edad o una enfermedad.

Este documento, expone Veras, indicaría si habría que utilizar  algún filtro para tomar las decisiones (un asesor externo o asesoría adicional de otros proveedores de servicios financieros, por ejemplo) y establece pasos para ejecutar cada decisión.

“Esto es relevante para cualquier persona, sin importar su edad. Cualquiera, en cualquier momento, puede fallecer”.

“Eso ayuda a que la misma persona tome decisiones consistentes y se evita que las decisiones financieras se vean ‘contamindas’ por los sesgos cognitivos que los seres humanos tenemos por las emociones, temores de corto plazo, alguna influencia de una noticia que no sea relevante a largo plazo”, expresa.

“Si uno se guía de este documento,  que debe ser redactado de manera particular para cada inversionista, eso ayudaría bastante a que se mantenga dentro del riel de inversiones financieras apropiadas para su situación particular”, agrega.

El analista recuerda que también se pueden dejar poderes y otras herramientas legales para que las persona puedan tomar decisiones a nombre del beneficiario de las inversiones.