IMPORTANTE: Conoce las medidas tomadas por las entidades bancarias por COVID-19

Bernardo Vega: “En el reino de los ciegos hasta el tuerto es rey: me destaqué mucho porque no había otro economista”

Bernardo Vega: “En el reino de los ciegos hasta el tuerto es rey: me destaqué mucho porque no había otro economista”

De la serie Economista Hoy

Bernardo Vega (Santiago de los Caballeros, 1938) es un prolífero y reconocido economista, antropólogo e historiador. Es un hombre lleno de historias, entre ellas, que fue el primer dominicano en graduarse de economía. O algo así. Fue, al menos, el primero en arribar al país con este título. Y lo hizo en un contexto muy particular: 1959, un día después de la expedición que dio nombre al Movimiento 14 de Junio.

Conversamos con él sobre aquellos lejanos inicios, sobre cómo fueron formados los primeros economistas y su propia experiencia profesional en el desempeño de una carrera que, desde su punto de vista, tiene el fin esencial de ayudar a la mayor cantidad de gente posible a vivir mejor.

 Vega es autor de más de 50 libros de historia, antropología y economía. Entre las posiciones de relevancia que ha ocupado están ser miembro de la Junta Monetaria del Banco Central, director del Museo del Hombre Dominicano, gobernador del Banco Central, embajador dominicano en Washington, director de los medios impresos El Caribe y La Lupa Sin Trabas y presidente de la Academia Dominicana de la Historia.

Dicen que usted fue el primer economista dominicano. ¿Cómo fueron sus inicios?

Me gradué en 1959 de la Universidad de Pensilvania. Llegué a Santo Domingo el día después de la llegada de la expedición del 14 de junio de 1959. Me enteré después de salir del aeropuerto que el día anterior había llegado la invasión. Traje una maleta llena de libros de economía y el del Servicio de Inteligencia de Trujillo cogió el primero y empezó a leerlo, en la primera página. Yo, de fresco, le dije bueno, me voy a sentar, porque yo me tardé cuatro años en leer todos esos libros. El único otro economista era Manuel José Cabral, que se había graduado de Harvard. Pero se había quedado, haciendo una maestría y un doctorado. En el caso mío, se acabó el dinero de mi padre y solo hice una licenciatura. Como yo no quería trabajar para el gobierno de Trujillo, conseguí un empleo en la mina de bauxita de Cabo Rojo, que era administrada por La Alcoa, como contable, y pasé hasta la muerte de Trujillo viviendo en Cabo Rojo.

Muerto ya Trujillo y habiendo Ramfis salido del país, en enero de 1962, entré a trabajar en la Secretaría de Finanzas como encargado de reforma tributaria, trabajando en una ley de impuesto sobre la renta, entre otros proyectos. Fui a validar mi título de economista, en la UASD, que era la única universidad que existía en el país. Allí el rector me dijo que esa carrera no existía, que me podían revalidar como contador público autorizado, que era lo que más se le parecía. Y dije que sí, que sí. Así es que yo soy contador público autorizado, aunque nunca he certificado un estado financiero.

Entonces entré a la UASD como profesor de economía. Me acuerdo de que fui donde el rector (Julio César Castaños Espaillat) y le dije que yo quería dar una cátedra de desarrollo económico. Me dijo ¿y qué es eso? Aquí no había nociones de eso en ese momento.

«Di economía dominicana, y tuve que inventarme el material, porque no había material de apoyo».

¿Cuándo empiezan a impartir economía?

Economía se daba en la Facultad de Derecho, pero era una economía para abogados. Recuerdo que empezaban explicando economía viene de la palabra griega oikonomos, y por ahí se iban. Yo di la primera cátedra de economía en la UASD, di desarrollo económico, sistemas económicos comparados, creo que di la primera referencia al marxismo. Porque hablé del marxismo, el capitalismo. Di economía dominicana, y tuve que inventarme el material, porque no había material de apoyo. Introducción a la economía… Como cuatro cátedras, del 62 hasta el 67, por ahí. Era una profesión no existente en el país. Entre mis estudiantes, en la UASD, estaba por ejemplo Carlos Despradel, que fue gobernador del Banco Central. No sería hasta el año 1971, cuando llegó el padre Alemán (José Luis) con un PHD en economía de una universidad alemana, que llegaría, realmente, un economista de envergadura. Pero, como dice la frase, en el reino de los ciegos hasta el tuerto es rey, y yo me destaqué mucho en esos años porque no había otro economista.

¿En qué momento empieza a ser impartida la economía como una licenciatura en la UASD?

En enero del 62 se daba economía como una materia de la escuela de negocios. Como carrera, no recuerdo exactamente a partir de qué momento. Pero fue después que vino la Facultad de Economía.

… Yo entré a trabajar en el Banco Central en 1964. Diógenes Fernández, el gobernador, me llevó allá como asesor económico. Una de las cosas a las que yo estimulé a Diógenes fue a dar becas para estudiar economía en el extranjero. En un momento dado había como ocho o diez funcionarios del Banco Central en el extranjero haciendo maestrías y doctorados, para seguir trabajando en el Banco Central. Un ejemplo es Carlos Despradel. Eso desarrolló mucho la profesión.

¿La economía fue su primera carrera? ¿Por qué economía?

Sí. Yo estudié economía porque mi padre me dijo que esa era una ciencia cada día más importante y que no había nadie en República Dominicana que la hubiera estudiado. Yo entré a la Universidad de Pensilvania en 1955 o 1956. Lo hice en tres años y medios porque me quedé todos los veranos y tomaba cursos durante los veranos. Apliqué después a la London School of Economics, pero mi padre ya no tenía dinero para mandarme a Inglaterra.

«Yo, cuando estudié, fui keynesiano. Y lo sigo siendo».

¿Ha cambiado el modo de ejercer el oficio desde que usted llegó de USA?

Sí. Cuando yo llegué el único sitio donde un economista podía trabajar era el gobierno. Porque no había empresas suficientemente grandes como para requerir los servicios de un economista. Ni había campo para una consultoría como economista. Hoy en día eso ha cambiado. Se puede ser economista trabajando para el Gobierno, en una firma de consultoría, como profesor universitario, como consultor de empresas grandes. Se puede ser economista como Carlos Asilis, que vive en Miami, que invierte dinero para sus clientes. Algo que era inconcebible en esa época. Y aquí hay firmas de economistas que hacen trabajos para el sector privado.

¿Cuál es el rol del economista actualmente?

Para mí lo principal es asesorar a los gobiernos sobre su política económica porque a través de una mejor política económica se beneficia a la mayoría de las personas. En vez de hacer consultorías individuales. Ya sea el Banco Central, sea Hacienda, sea el Ministerio de Economía, entre otros, son los sitios desde donde más se puede ayudar. Sorprendentemente en este país, donde los presidentes son abogados esencialmente, tenemos nuestro primer presidente economista, graduado de INTEC.

¿Un economista es, en esencia, investigador, o puede no serlo?

En países desarrollados, donde el economista puede vivir de sus cátedras universitarias, tienen un papel importante como investigador de la ciencia. Pero en países pequeños, como el nuestro, más bien hace labor de consultorías para clientes. No investigación pura de economía. Hay excepciones pero son pocas. Si me preguntas por un trabajo de investigación pura de un economista dominicano, no te podría citar, así, alguno.

No me acuerdo en qué año fue, pero se creó en la Academia de Ciencias, el capítulo de economistas. Yo soy miembro, el padre Alemán fue presidente, y publicamos, durante tres años corridos, el Reporte Anual de la Economía dominicana, firmado por los nueve economistas de la Academia de Ciencias. Todavía se publica una revista de economía de la Academia de Ciencias, pero los reportes anuales desaparecieron cuando el grueso de los economistas entraron a trabajar para el gobierno de Antonio Guzmán, en 1978. Esos reportes son de 1975, 1976 y 1977. Era una contribución académica de los economistas para el país.

¿A cuáles dilemas éticos más comunes o recurrentes se enfrenta un economista?

Si defender o no la gestión de gobierno, si trabaja como consultor o funcionario, por encima de la realidad. Es decir, hacerle propaganda al gobierno y a su política económica aún cuando las estadísticas y la realidad indican que no lo amerita. Ese es el principal reto.

¿Es frecuente, actualmente, que los profesionales sucumban a este tipo de tentaciones?

Sí, claro. Si son funcionarios o consultores del gobiernos se convierten en lo que aquí llamamos bocinas. Y, por el otro lado, si están en la oposición también exageran las debilidades de la política económica para beneficiar a su candidato o partido.

El hecho de que haya muchos modelos económicos desarrollados en países desarrollados y en función de esos contextos a veces es un reto para quienes ejercen el oficio en países subdesarrollados. ¿Cómo lidian con eso?

Eso existía hasta los años 60 del siglo pasado. Pero con el surgimiento de la CEPAL, de economistas chilenos, brasileños, argentinos, mexicanos, surgieron una serie de trabajos teóricos y no teóricos que dan una visión del mundo subdesarrollado que no existía antes. Por ejemplo, cuando yo estudié economía, eran mínimos los trabajos de economistas sobre los problemas de los países subdesarrollados. Ahora hay toda una serie de trabajos de economistas de Asia, de África, de América Latina y de países desarrollados que se han especializado en los problemas de países subdesarrollados. Así que hay de donde nutrirse para eso.

¿Tiene alguna visión u opinión sobre la formación que reciben los economistas jóvenes actualmente?

No, realmente no mantengo ese contacto. Percibo, a distancia, que el mejor sitio donde se enseña economía en el país es INTEC, y después en la PUCMM. No en la UASD. Pero no estoy al día, no conozco los planes de estudio de las cátedras. Y a pesar de que se enseña economía aquí, me da la impresión de que todo economista bueno termina la carrera fuera de aquí, con una maestría o un doctorado.

Hay muchos chistes que ridiculizan a los economistas porque sus predicciones no se cumplen, etc.

Sí, que donde hay tres economistas hay cuatro opiniones.

Suponen una crítica. ¿qué piensa al respecto?

Sí, es una crítica universal. Los años de gloria de los economistas eran los años 70. Después, ante el fracaso de sus predicciones, hasta la reina de Inglaterra preguntó que por qué los economistas no sabían que venía la crisis de hace 10 años. No tienen el prestigio que llegaron a tener a finales del Siglo XX.

Freddy Ginebra decía en una entrevista que usted, cuando vino de Estados Unidos, hizo una lista de todos los cargos que quería ocupar. ¿Eso era cierto o broma?

No. Mi tesis fue sobre banca central en países subdesarrollados y mi objetivo siempre fue trabajar en el Banco Central. Lo logré, tuve 14 años vinculado al Banco Central. Seis años como asesor económico del gobernador, que era Diógenes Fernández; después fui miembro de la Junta Monetaria y, eventualmente, gobernador.

«Se entiende mucho mejor la economía y se aplica un recetario que usualmente es el correcto. No siempre».

Entonces, ¿lo de la lista no es verdad?

No. No es verdad.

Hay quienes dicen que los economistas le han hecho mucho daño a la humanidad. ¿Qué piensa?

No, yo creo que no. Era una ciencia de la cual se sabía muy poco hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Se entiende mucho mejor la economía y se aplica un recetario que usualmente es el correcto. No siempre. Y, como en toda profesión, hay tendencias: están los economistas marxistas, los no marxistas, los neoclásicos, los monetaristas, los no monetaristas, los conservadores que le asignan un papel muy reducido al gobierno, los otros que creen mucho en la intervención del Estado, el grupo de Chicago, el grupo de Londres, el grupo de Alemania… También hubo una época, hasta la Segunda Guerra Mundial, en que los mejores economistas estaban en Europa. Ahora están en Norteamérica. Porque pagan mejores salarios y se llevan a los economistas.

Aquí, ante la falta de economistas, jugaron un papel importante economistas extranjeros: Henry Wallick y Robert Triffin crearon la ley del Banco Central. Y Wallick fue asesor del Banco Central desde 1967 hasta los 70. Al crearse instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la CEPAL, todos con economistas, pues terminaron todos los grandes economistas asesorando a los países subdesarrollados. Sobre todo en los años 60 y 70, cuando aquí no había economistas.

¿Usted con cuál corriente ideológica o grupo de economistas se siente más identificado?

Yo, cuando estudié, fui keynesiano. Y lo sigo siendo. Keynes cayó en desgracia en la profesión en los años 50, 60 y 70. Pero ahora, ante las crisis internacionales, sus ideas han sido revividas. Además de sus ideas económicas, yo siempre he compartido la idea de Keynes de que un economista tiene que conocer muy ampliamente las ciencias sociales. Tiene que ser historiador, tiene que ser empresario, que tener una combinación de conocimientos muy abarcadores. No ser simplemente un econometrista que juega con 25,000 fórmulas simultáneas. Por eso mi interés en la historia, en la arqueología, en las ciencias sociales en general. Esas ideas de Keynes eran las de los primeros economistas: Ricardo, Marx, Adam Smith, todos eran muy abarcadores. Luego fue especializándose la ciencia y, para mí, entró en una crisis en los años 60,70,80, y era todo matemáticas y muy abstracto. Todavía hay muchos trabajos de muchos premios Nobel de economía que son extremadamente abstractos.

De las disciplinas o ciencias en las que ha incurrido como creador de contenido, ¿hay alguna con la que se identifique más?

Bueno, yo tengo libros de economía, pero básicamente recogen artículos que he escrito para los periódicos. Son tres o cuatro libros. Pero no tengo un libro sobre economía. Mis libros son básicamente de historia dominicana y de la prehistoria, la arqueología. De historia moderna, la dictadura de Trujillo, y de la más antigua, que son los taínos.

¿Qué se siente más: historiador, antropólogo o economista?

Hoy día, historiador. Como no desempeño ninguna función en el Gobierno, no me siento tan al día sobre la situación económica como me sentía antes, cuando tuve esos años en el Banco Central. Aunque no por eso dejo de opinar. Yo tengo dos intervenciones en El Despertador, de Alicia Ortega, por la mañana, los martes y jueves. Y escribo un artículo semanal en el periódico Hoy. Muchas veces son temas económicos.

Ha tenido cargos muy importantes como economista, como historiador y como antropólogo. ¿Le falta algo por hacer?

No, lo que me faltan son libros por escribir. Pero no función pública, no. Yo voy a cumplir 80 años en febrero. No es momento para meterme de ministro de yo no sé qué cosa. Además, uno tiene una tasa de obsolescencia en la profesión y no es justo tramitarla a todo un país.

«Uno tiene una tasa de obsolescencia en la profesión y no es justo tramitarla a todo un país».

¿A qué dedica estos días?

Escribo libros.

¿Cuáles son los libros que faltan por escribir?

Bueno, por fin conseguí los papeles norteamericanos (del Departamento de Estado, de la CIA, etc.) sobre el mes en que Bosch fue derrocado. Entonces estoy escribiendo la versión de los archivos norteamericanos sobre por qué y cómo fue derrocado Bosch. Eso va a salir dentro de un mes. Y estoy escribiendo un libro, que espero que esté listo para finales de año, sobre por qué el Senado norteamericano no aprobó la anexión del país a Estados Unidos solicitada por Buenaventura Báez en 1871. No se consiguieron los votos. Ahí se tratan todos los esfuerzos para arrendar a Samaná, en 1854.

Hay unas memoras, ¿no?

Ah sí, ya publiqué el primer volumen de mis memorias y, antes de finalizar el año, sale el segundo volumen. El segundo volumen es el gobierno de Bosch, mis años en el Banco Central como asesor de Diógenes Fernández, mi papel en la Revolución de Abril en el Banco Central y mi paso como funcionario del Banco Popular cuando se abrió, en el año 1964.

De todos los cargos o posiciones que ha asumido, ¿hay alguno del que se haya arrepentido o que haya considerado que fue un error?

Dirigir un medio como El Caribe, perteneciente a un banco, siempre fue conflictivo. Porque los bancos tienen una agenda muy diferente a la de un medio independiente. La Lupa Sin Trabas fue un esfuerzo de periodismo investigativo, muy independiente, que fracasó por falta de anuncios porque, precisamente, era muy crítico del Gobierno. Y el sector privado no quería darle anuncio a un medio considerado crítico del Gobierno. Pero no me arrepiento de nada de eso. Ni de haber solicitado que me emplearan como director del Museo del Hombre, porque era una cosa que yo quería hacer. ¿Arrepentirme? No. Yo fui profesor en la PUCMM, en la UNPHU, en la UASD… Me tocó ser gobernador del Banco Central en el peor momento de América Latina, en la que se llamó la década perdida, la crisis de 1982, momento en que 15 países de la región fueron al Fondo Monetario. La gente aquí no ve la crisis dominicana del 84 dentro de un contexto regional, simplemente la ven localmente. Me arrepiento de no haber escrito sobre mi paso por la gobernación del Banco Central, pero espero hacerlo en mis memorias.

¿Se siente bien de salud para hacerlo?

Sí, tengo un marcapasos aquí. Estoy bien: tengo un marcapasos. Ahora tengo que escribir un libro, también, sobre cuando Antonio Guzmán ganó las elecciones, en el 78. Los guardias pararon el conteo, Balaguer quería que él no fuera y la presión internacional… Ahora que estuve en Columbia conseguí esos papeles, también. Que son cosas bastante puntuales de las que aquí no se ha escrito con profundidad.


Volver Arriba