Testimonio: “Nunca había escuchado un ‘usted no califica’ que me doliera tanto”

Testimonio: “Nunca había escuchado un ‘usted no califica’ que me doliera tanto”

Hola Alejandro,

Qué gusto saludarte y poder escribirte. Comparto, finalmente, mi testimonio; es un listín, pero me fue imposible hacerlo más corto.

¡Tres años de planificación fueron necesarios para poder contar mi historia! Historia de la cual estoy orgullosa y me hace sentir plena a mis 30.

Todo empezó el día que me llegó un correo electrónico indicándome que se acercaba la fecha del próximo Taller de Finanzas Personales (TFP) de Argentarium. Recuerdo que lo primero que hice fue revisar vía internet banking mi cuenta de ahorros. En ese momento contaba apenas con RD$6,000, de los cuales tenía que pagar RD$4,500 por el taller. No lo pensé dos veces y hoy puedo decir que ¡ha sido la inversión más inteligente de mi vida!

Yo he trabajado desde muy joven. A los 17 años, cursando el 4to de bachiller, ya laboraba en una tienda en Bella Vista Mall, donde me pagaban las horas de trabajo a 36 pesos más horas extras y comisión por venta. Mis ingresos para el 2005 ascendían los RD$7,000, que no estaba nada mal para una adolescente que no tenía compromisos económicos en el hogar. Le colaboraba a mi madre, sin embargo, no era una cantidad considerable. Siempre me quedaban mis chelitos “rendíos”.

No entendía cómo a una persona que manejaba más de RD$100 mil podían negarle una tarjeta de RD$10 mil. Click Para Twittear

Todo el que ha trabajado en plazas, sobre todo en tiendas, sabe que dejas el sueldo en la misma plaza. Gastar en ropa, zapatos y unirte a la onda de andar en bonches y los mejores lugares, son tentaciones ante las que hay que tener fuerza de voluntad  y visión para no caer. Yo en ese momento no tenía esa fuerza de voluntad, ya sea por inmadurez o porque no veía mas allá de mi adolescencia: ¡estaba viviendo el momento!

A mis 24, ya en otro trabajo, un día miré hacia atrás y analicé que luego de 7 años de trabajo, apenas tenía un carro, valorado en unos 240 mil pesos, el cual aún debía a la cooperativa a la que estaba asociada. No tenía el hábito del ahorro, asumía compromisos económicos y “cumplía con ellos’’, pero ¿ahorrar? ¡No! Yo pagaba y todo lo que quedaba se gastaba…

Ya a mis 27, con un trabajo estable y luego de pagar mi vehículo, participé en el Taller de Finanzas Personales. Recuerdo que fue un febrero, y ya había tomado la decisión definitiva de hacer un stop y organizarme. Sabía que tenía ingresos estables y que no estaba haciendo nada productivo con ellos; entendí que necesitaba ayuda, orientación.

Fue un taller de un día, pero ¡que día! Ahí aprendí de todo, de finanzas personales, de finanzas de parejas, de la bolsa de valores y de todo lo que un principiante debe saber.

“Salí de esa oficina con ganas de comerme el mundo y de hacer un cambio en mis finanzas personales, porque sabía que tenía que hacer que mi esfuerzo y trabajo valieran la pena”.  

Recuerdo que salí premiada dentro el grupo de participantes y me tocó un encuentro privado contigo. Fue ahí donde, con mi historial crediticio en mano y mi score, te presenté mi vida en números. Estaba en clasificación F, la más baja. Eso era frustrante para mí.

Mi interés en mejorar mis finanzas estaba basado también en un nuevo compromiso asumido: había dado el inicial de un apartamento en plano, el cual me entregaban en dos años y yo, soltera, sabía que tenía que estar preparada para poder solicitar al banco RD$ 3 millones y estaba consciente de que se me haría tarde si no tomaba la decisión de cambiar mis hábitos ya.

Tras la “consulta”, salí de esa oficina con ganas de comerme el mundo y de hacer un cambio en mis finanzas personales, porque sabía que tenía que hacer que mi esfuerzo y trabajo valieran la pena.

Recuerdo que lo primero que hice fue ir a una telefónica, la cual me tenía publicada una deuda de más de 4 años que ya había saldado y tuvieron que eliminar, ya que la ley me amparaba. Así mismo fui contactando a los bancos a los que les debía y, poco a poco, iba limpiando mi historial de crédito. Mi score subió, entraba diariamente a revisarlo (pagaba un plan que me daba acceso a esto por 6 meses); sé que era exagerado, pero tenía la necesidad de saber que todo iba marchando de acuerdo a lo planeado.

Recuerdo que parte del plan, era solicitar una tarjeta de crédito con una entidad con la cual me recomendarías. En ese momento le enviaste un correo a la gerente refiriéndome para una tarjeta de crédito de RD$ 10,000.

Después de agotar el proceso que requieren los bancos ¡vaya sorpresa, me negaron la solicitud! La frustración se apoderó de mí. Fue un golpe duro el que me hayan rechazado esta tarjeta de crédito por un monto tan bajito. Estaba referida por ti y llevé todas las evidencias de los movimientos bancarios que tenía, y eso no fue suficiente.  Aquel momento fue difícil, yo nunca había escuchado un “usted no califica” que me doliera tanto. Me quedaba seguir trabajando en el pago de mis deudas, en mi plan de ahorro y continuar documentando cada ingreso/egreso que realizaba.

No entendía cómo a una persona que manejaba más de RD$100 mil podían negarle una tarjeta de RD$10 mil. Esto evidenciado mediante estados de cuenta, pues en ese momento, ya había asumido la administración de un negocio familiar de mi padre y mis ingresos y los movimientos de dinero habían aumentado. Recuerdo que cada peso que ingresaba, lo pasaba por el banco, luego iba a lo retiraba al cajero para posteriormente hacer las compras diarias.

Había pasado poco más de un mes cuando me llamaron de un banco, al cual agradezco infinitamente, ofreciéndome una tarjeta de crédito. Sin pensarlo les dije que sí, me aprobaron RD$10 mil y esto para mi fue una bendición. Fue la oportunidad de demostrar que mis hábitos habían cambiado.

Comencé a manejarme con la tarjeta de crédito de manera responsable, aún teniendo efectivo, pagaba con la tarjeta y de inmediato le hacía el depósito a la tarjeta de crédito, la volvía a usar y así sucesivamente. Siempre respetando la recomendación de no hacer uso de más del 50% de su disponible. Esta regla la aprendí en el taller de finanzas. Manejaba mis tarjetas celosamente y siempre hacía los pagos a tiempo.

Mi interés era estar preparada para cuando me tocara solicitar mi préstamo hipotecario y demostrarle al banco que tenía solvencia para ello, cosa que se me hacía difícil, ya que debía refutar con evidencias lo que decía el historial sobre mí.

Investigando me enteré de que estaba la opción de solicitar una tarjeta de crédito con garantía de certificado de depósito. Tomé RD$ 100 mil, abrí un certificado y me entregaron una tarjeta de crédito con un límite de RD$ 80, 000. Esto para mí fue la salvación; ya las entidades que entraban a ver mi información crediticia me “veían con otros ojos”. Cada vez me comenzaban a ofrecer más servicios bancarios.

Comencé a manejarme con bancos grandes, en lugar de cooperativas, creando cuentas bancarias nuevas, una de mi negocio, la de nómina, una donde colocaba mensualmente el monto que pagaba a la constructora correspondiente al inicial… Fue así como fui entablando relaciones con más bancos y siempre llamaba a mis ejecutivos de cuenta, haciéndoles saber desde un principio mis objetivos! Los hacía participes de mis planes y sueños; siempre me tenían pendiente para las ferias y ofertas que ofrecían los respectivos bancos.

En la medida en que se limpiaba mi historial me iba emocionando. Llegó un momento en que mis deudas malas fueron cerradas y eliminadas aquellas que no debían existir en el buró. Mi score subía y así mis esperanzas de estar lista para asumir el nuevo compromiso de préstamo hipotecario. ¡La fecha se acercaba!

Para entonces ya había entregado un 10% del valor del apartamento para apartarlo, ahorro que había acumulado durante tres años. Al firmar contrato con la constructora, el acuerdo era completar el 35% pagando cuotas mensuales por 24 meses, que incluía pagos extraordinarios dos veces al año. Mis bonificaciones, doble sueldo, ingresos extras (del negocio- también vendía ropa de mujer de manera informal) y el recorte significativo del gasto discrecional me ayudaron a completar el pago del inicial durante la construcción del apartamento. Solo el 65% sería tomado al banco en calidad de préstamo al momento de la entrega del proyecto.

Me sentía realizada económicamente, sin embargo el temor de qué pasaría cuando aplicara para mi préstamo hipotecario era un fantasma que me perseguía.

En septiembre del pasado 2017 apliqué para el crédito por RD$ 2.9 millones a 15 años. El mismo fue aprobado por una asociación de ahorros y préstamos a una tasa del 9% fija a 5 años (pude aprovechar la liberación de recursos del encaje legal), pagando cuotas mensuales de RD$ 31,900.00.

Tomé la decisión de rentarlo, ya que entre cuota de préstamo, mantenimiento, pago de luz y utilidades, estos gastos estarían representando un porcentaje muy alto con relación a mis ingresos. Entiendo que puedo seguir viviendo con mis padres por el próximo año. ¡Ellos dicen que no les molesto! Esto me permitirá poder bajar la cuota y, para el año que viene, sí estar preparada para independizarme.

Hace poco menos de un mes firmé contrato donde pude rentarlo a una persona soltera por RD$ 29,000; yo estaría pagando solo los RD$ 2,900 restantes para completar el pago del préstamo y asumiendo el pago de mantenimiento por RD$ 8,000. 00. ¿Cómo me estoy manejando? Hago el pago normal de la cuota del préstamo de mis ingresos, pago el mantenimiento con lo que me pagan de renta y los otros RD$ 21,000 se los abono al capital.

Me siento feliz y en paz, porque paso a paso he ido cumpliendo mis metas. financieramente me siento estable y aunque le debo “la vida” al banco, tengo control de mis finanzas y eso me da tranquilidad.

Agradezco inmensamente cada artículo que publicas; escuchar Argentarium Radio, las conferencias Preserva (iba a todas) y cada uno de tus consejos impactaron mi vida, mis finanzas y fueron clave en el cumplimiento de mis objetivos, ¡de mi sueño!

¡Gracias por todo!

Un abrazo.


Nota: Por razones personales la autora de este testimonio prefiere hacer reserva de su nombre.

-Si usted tiene una historia sobre el manejo de sus finanzas que puede resultar útil o estimulante para otros, puede publicarla a través de este espacio. Escríbanos a info@argentarium.com.

-Recomendamos leer otras historias compartidas en nuestra sección de Testimonios.


Artículos relacionados

Cambios en los hábitos financieros

¿Qué hacer cuándo el querer cambiar un hábito en las finanzas personales no es suficiente? Juan Camilo lo explica desde

Cómo leer tu historial crediticio proveído por TransUnion

Monitorear tu historial de crédito es un hábito saludable para mantener tus finanzas en orden. Esta herramienta muestra el comportamiento

Cinco libros que te pueden ayudar a convertirte en un inversionista sabio

Como habrás escuchado, tener tus ahorros en una cuenta bancaria genera retornos tan bajos que fácilmente son consumidos por la

Volver Arriba