Lo que hemos aprendido de los endeudados

Lo que hemos aprendido de los endeudados

Recientemente hicimos una publicación citando prácticas financieras comunes entre personas muy ricas que los simples mortales podemos aplicar para administrar mejor nuestros recursos económicos. En esta ocasión reparamos en las lecciones que podemos aprender de los perfiles opuestos: la gente muy endeudada, cuyas finanzas no son un ejemplo a seguir.

Cada mes recibimos decenas de mensajes de personas con un nivel de deudas desesperante. Sus casos nos han dejado algunos aprendizajes que, estamos convencidos, pueden ser de utilidad para muchos y muchas.

Identificamos y compartimos las principales:

1-No importa cuánto ganas

Generalmente el endeudamiento es el resultado de un desorden en las finanzas y afecta tanto a la población con ingresos bajos como a la élite que goza de altos ingresos. De hecho, muchos de los casos más dramáticos que hemos visto no son de personas pobres. Se asocian, más bien, a la práctica de llevar un nivel de vida superior al que las posibilidades económicas permiten, independientemente del nivel de ingreso que se tenga. Un ejemplo interesante es el caso de Josefina, una brillante profesional de la ingeniería que adquirió un nivel de deuda insostenible tras perder su empleo.

En esta ocasión reparamos en las lecciones que podemos aprender de la gente muy endeudada, cuyas finanzas no son un ejemplo a seguir. Clic para tuitear

Pero, además de la reducción en su ingreso, hubo otras razones para su debacle financiera: no contaba con ahorros y no tuvo la flexibilidad de hacer ajustes en su estilo de vida atendiendo a su nueva realidad. Puede leer su historia en el artículo Atrapada en una jaula de oro, publicado originalmente en septiembre de 2016.

2-El ingreso puede mermar, y hay que estar listos

Necesitamos obrar con inteligencia en tiempos de vacas gordas. Vivimos coyunturas. Es un error creer que las cosas irán siempre mal, pero es más peligroso pensar que irán siempre bien. La pérdida inesperada del empleo, de las remesas o el fin de los buenos tiempos del negocio siempre son posibilidades. La ocurrencia de uno de estos eventos no tiene que suponer una catástrofe financiera, pero solo si tenemos un buen fondo de emergencias. La mayoría no lo tiene y, al dejar de percibir ingresos, tiene que endeudarse. El ejemplo de Josefina sirve para ilustrarnos, también, en este sentido.

3-Las emergencias no avisan

En otras ocasiones las deudas, sobre todo las grandes, están asociadas a eventos inesperados que no se vinculan con nuestro nivel de ingreso, pero sí con el de gastos. El para qué nos endeudamos está más que justificado: una enfermedad propia o de alguien de la familia, un despido inesperado, un accidente… Pero el por qué, en algunos casos, podría arrojar una respuesta que no nos gustará: de nuevo, no tenemos un ahorro o fondo de emergencia que nos sirva como colchón para amortiguar el efecto del golpe financiero.

4-Cuando el problema es en qué gastamos

En otras ocasiones ocurre lo opuesto: el principal problema es, justamente, el para qué nos endeudamos. A veces los pequeños gastos son el problema y es importante saber cuándo parar. Una buena proporción de la población muy endeudada no sabe en qué gastó el “sorprendente” monto que debe, o al menos una buena parte de éste. Se trata de la suma de pequeños gastos, a veces caprichosos, que terminan llevándolos a a convertir sus déficits en una bola de nieve. El trayecto nos resulta familiar: una tarjeta de crédito sobregirada, una segunda tarjeta para pagar la que está al tope, varias tarjetas de crédito al límite, solicitar préstamos para pagarlas, volverlas a usar, optar por préstamos de consolidación…  El agua hasta el cuello.

5-Paso a paso

La falta de prioridades claras guarda relación con el endeudamiento excesivo, principalmente entre los profesionales. En un momento de la vida profesional pensamos en que necesitamos un buen vehículo, una vivienda, un colegio o universidad de renombre para nuestros hijos y, como trabajamos tanto, merecemos unas buenas vacaciones en familia en el extranjero. La pregunta pertinente es: ¿de verdad es posible hacerlo todo al mismo tiempo? Esas necesidades están, y gozamos de un buen empleo y un buen historial crediticio, tenemos acceso privilegiado al crédito que nos ayudará a lograr esas metas a corto plazo… pero ¿ es prudente asumir el compromiso en este momento precisamente? Tal vez todas esas metas financieras son perfectamente realizables, pero paso a paso. Ir tras ellas no tiene que convertirnos la vida en un dolor de cabeza.

6-Desconocimiento

Aunque parezca extraño, la falta de conocimiento sobre los productos de crédito y la responsabilidad que suponen es una de las condiciones más comunes en casos de endeudamiento excesivo. Son muchos los testimonios que hemos recibido de personas con endeudamiento alto, obtenido de modo fácil e irreflexivo. Típicamente aceptan productos porque el banco o la cooperativa los ofrecen, considerándolos “clientes preferenciales”, o dándoles una “buena oportunidad” para empezar a construir el historial crediticio. Las tarjetas de crédito son un buen ejemplo. Ocurre principalmente entre los jóvenes, cuando acceden al crédito plástico por primera vez, sin orientación alguna (ver La historia de Juan y Anita). Muchos aceptan las tarjetas sin comprenderlas (creen que “se la están comiendo”, como se dice en buen dominicano) y luego, cuando es tarde, caen en la cuenta de que la tasa de interés era tan alta. Los verdaderos efectos y su dimensión son bien comprendidos después, cuando llegan consecuencias como las llamadas de los turbocobros o el deterioro de la calificación crediticia.

 


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