Las claves del éxito según Román Ramos Uría, presidente del Grupo Ramos 

Las claves del éxito según Román Ramos Uría, presidente del Grupo Ramos 

Fuente externa

La edificación de este emporio no ha sido tarea fácil, ni breve. Sus inicios se ubican por el año 1965, cuando Román Ramos Uría, junto a su socio Antonio Pacheco, adquirió el negocio en que llevaba dos años trabajando. El nombre de la empresa era Almacenes La Sirena. El precio, $ 110,000 pesos, una suma considerable en aquel contexto, y que tomaría cerca de 8 años terminar de saldar.

Se trataba, entonces, de una pequeña tienda textil y de novedades de la avenida Mella.

Hoy en día don Román dirige el Grupo Ramos,  y bajo esa sombrilla operan 70 establecimientos: tiendas La Sirena, Súper Pola, Aprezio y dos centros comerciales regionales (Multiplaza). 

¿Cuáles criterios de negocio impulsaron su éxito? Don Román comparte los aprendizajes más importantes obtenidos en 60 años de historia empresarial. Clic para tuitear

¿Cuáles criterios de negocio han impulsado su éxito? ¿Qué ha aprendido el fundador de estas cadenas en 60 años de historia empresarial? El libro Origen lejano de una historia cercana recoge las crónicas de don Román y las  “claves del éxito” extraordinario que ha cosechado en el gran comercio detallista.

Reproducimos textualmente las principales enseñanzas que el empresario comparte en la publicación: 

Claves para el éxito, según el empresario Román Ramos Uría

  • En los negocios y en la vida hay que esperar que la fruta madure antes de tomarla.
  • Si un negocio marcha bien no se deben hacer grandes transformaciones, pero siempre se debe innovar. 
  • Hay que tener fe en Dios y en las ejecutorias propias, manteniendo los pies sobre la tierra.
  • Se debe trabajar con el mismo ahínco, sea uno empleado o propietario.
  • Pagar bien y a tiempo a los proveedores es clave para ganarse su confianza.
  • Aunque se tenga poder, no siempre hay que usarlo. Todas las decisiones importantes deben tomarse por consenso. 
  • Es un reto del comerciante que siempre haya público en sus establecimientos, pues a la gente no le gusta entrar a lugares vacíos. 
  • Cuando el cliente tiene una canasta o carrito, compra más. Si no los tiene, solo compra lo que le cabe en las manos. 
  • Para alcanzar el éxito en un negocio, hay que estudiar la idiosincrasia del público objetivo.
  • Al negocio no se le debe sacar más que lo estrictamente necesario. Dejar en él casi todo el beneficio es el precio de crecer.
  • Los negocios siempre plantean retos y hay que resolverlos con soluciones adecuadas que satisfagan al cliente.
  • Las tiendas deben tener un fácil acceso, de manera que el público entre sin darse cuenta. 
  • En la venta al detalle, la rotación de inventarios es clave para poder mantener un buen flujo de caja. 
  • Es inevitable que nos copien las ideas, pero siempre debe ser uno el que marque la pauta.
  • La fidelidad de los clientes se obtiene por la combinación de tres factores: buen servicio, precios bajos y amplio surtido.
  • Cuando el trabajo se hace con pasión no causa sufrimiento, sino placer y disfrute.
  • Los buenos equipos se forman seleccionando a la persona idónea para cada puesto.
  • Los puestos no se regalan, se ganan.
  • La satisfacción del empleado es fundamental para su buen rendimiento.
  • La armonía familiar es clave para que los negocios y el trabajo marchen bien. 
  • Cuando un modelo de negocios se ha aplicado con éxito en un mercado, es fácil replicarlo en otro similar.
  • El comprador debe estar siempre explorando, para poder encontrar y ofrecer al cliente productos diferentes y novedosos.
  • Valemos lo que valen nuestras decisiones.
  • A la hora de abrir sucursales en nuevos mercados geográficos, conviene asociarse con personas que conozcan esos mercados.
  • Los emprendedores siempre corren riesgos, pero estos son parte de nuestras vidas y las hacen más interesantes.
  • Para emprender un gran proyecto es indispensable contar con un equipo comprometido.
  • Para convertir un negocio familiar en un gran grupo empresarial, la clase es delegar, planificar, medir la capacidad de cada quién, sin importar su apellido, y remunerar según el rendimiento y la capacidad.
  • El negocio no se inventa, se crea conociendo al cliente y respondiendo a sus necesidades.
  • Cuando las empresas inician transformaciones importantes, es conveniente apoyarse en asesoría profesional externa.
  • A la hora de emprender un nuevo proyecto comercial, hay que tomar en cuenta a los vecinos para fomentar desde el principio una buena relación y ganarlos como clientes.
  • Hay que ser humilde para reconocer cuándo nuestras ideas responden a estilos o esquemas pasados de moda y aceptar los cambios.
  • Cuando se toma la decisión de crecer, no se puede tener miedo.
  • Cuando se compran propiedades a competidores se debe pagar el precio justo.
  • Ser austeros y mantener una posición financiera sólida permite incursionar en otros negocios o expandir el que ya se tiene.
  • Para garantizar un crecimiento sostenido, las empresas deben apoyar a las comunidades en las que operan.
  • La educación transforma la vida de las personas y se traduce en mejores recursos humanos, mejores ciudadanos y en un país que progresa económicamente. 
  • Siempre hay que buscar nuevas oportunidades de negocios.
  • Hay que seguir hacia adelante, sin parar; porque sólo hay dos caminos: uno hacia arriba y el otro hacia abajo.
  • Uno de los objetivos principales de toda empresa debe ser acercarse cada vez más a su público.
  • En República Dominicana aún hay muchas posibilidades de crecimiento con otros formatos de negocios que se pueden explorar.
  • Toda acción de una empresa cuyo objetivo es vender, debe seguir esa dirección: comprar para vender, barrer para vender, remodelar para vender… en fin, servir al cliente y asegurarse de que se vaya contento. 

Los inicios de Ramos Uría

Román Ramos Uría nació en 1941 en Pola de Allende, Asturias. Su familia vivía de una tienda dedicada principalmente a la venta de telas. 

En su adolescencia, leía poesía y narrativa clásica. Su primera iniciativa de negocios fue comprar novelas en el mercado de pulgas para, después de leerlas, venderlas y/o alquilarlas. Algunas personas cercanas a él consideran que aquellas lecturas fueron determinantes en la formación de su personalidad y sus dotes como hombre de negocios.

A los 16 años decidió enrumbarse hacia América, empujado en parte por la crisis económica post guerra que afectaba a España para la época. Un primo suyo que tenía una fábrica textil en República Dominicana le hizo un contrato de trabajo. Era un requisito obligatorio para obtener el permiso de residencia. Emprendió el viaje el 17 de octubre de 1959.

El 15 de abril de 1963 Ramos empezó a trabajar en Almacenes La Sirena, una tienda de la avenida Mella, con un salario de 150 pesos al mes. Para entonces, la empresa era propiedad de los hermanos Félix y Leopoldo Fernández Rodríguez, de nacionalidad española, y se especializaba en la importación de textiles. 

En ese momento ya los dueños de la tienda contemplaban volver a España y estaban buscando compradores. En diciembre de 1965, con 24 años, Román Ramos Uría, era propietario del negocio. Para poder aprovechar la oportunidad se había asociado a Antonio Pacheco. Adquirieron la tienda por RD$110,000. Pagaron $50 mil como adelanto y, el resto, en un plazo de unos 8 años, con una tasa de interés de 9%.

Para la época nadie imaginaba el nivel de crecimiento que el incipiente proyecto comercial experimentaría. 


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