Ha llegado la Semana Santa. El asueto, si bien está pensado para participar de actividades religiosas, para muchas personas significa una oportunidad de salir de vacaciones junto a la familia.

Este deseo es válido. Compartir tiempo de calidad con los seres queridos es una de las acciones más efectivas para ser feliz en la vida. Muchos terapeutas familiares lo recomiendan.

Ahora, ¿vale la pena tomar un préstamo para irse de vacaciones en Semana Santa?, ¿es recomendable aprovechar las “atractivas” tasas de interés de estos financiamientos?, ¿por qué no hacerlo si los plazos se extienden hasta por 36 meses para que pagues “sin complicaciones”? 

Honestamente, no vale la pena. Si bien el precio del dinero que tomes prestado para irte de vacaciones no sea caro, lo conveniente es que te planifiques y ahorres.

Esas cuotas que abonarás al banco, asociación o cooperativa después de haberte dado unos días de “buena vida” te las puedes pagar a ti mismo y no pagar un solo peso de intereses.

Haz el cálculo de lo que cuesta vacacionar en ese lugar al que deseas ir con tu familia y divide el monto en cuotas que se correspondan con el tiempo en el que te propongas viajar hasta ahí.

Si logras acumular el efectivo que requieres para irte con tu familia podrías ahorrarte entre un 20% y un 40% en pago de intereses, comisiones y otros cargo que habrías tenido que traspasar al banco en caso de haber financiado los días de descanso.

Toma en consideración que Disney, Bávaro, Puerto Plata, o cual sea el lugar donde quieras ir, no desaparecerán del mapa. Muy probablemente tú también estés vivo/a para cuando logres ahorrar todo lo que necesitas para vacacionar allí.

Además, disfrutarás en tranquilidad, sin dolores de cabezas causados por el estrés de pensar en que, cuando termines esos días de descanso, tendrás que dedicarte a pagar un préstamo.

Habrás disfrutado también del fruto de tus ahorros, una satisfacción de consumo sin igual.  

Finalmente, recuerda que los préstamos no deben financiar gastos. Idealmente deben adquirirse para financiar bienes cuyo valor sea aprovechable durante y después del tiempo que el financiamiento esté vigente, por ejemplo un vehículo,  una vivienda, etc.

En cambio, financiar tres días durante tres años, no es buena idea.  Evítalo.