El protocolo de morir, un mercado en desarrollo en República Dominicana

El protocolo de morir, un mercado en desarrollo en República Dominicana

Para bien y para mal, la muerte –o, más bien, el protocolo que la sucede- es un mercado en desarrollo en República Dominicana.

Por un lado, los tradicionales velorios en casa, durante nueve días con sus noches, ya empiezan a ser ritos en desuso o al borde de la extinción en muchos fragmentos sociales y grupos religiosos.

Por el otro, los cabildos del Gran Santo Domingo y muchos municipios del país pierden una batalla de urbanismo y sanidad muy importante: el cuidado y la seguridad en los cementerios o camposantos.

Tumbas saqueadas, falta de higiene, abandono, hacinamiento y la presencia de antisociales que vulnera, incluso, la seguridad física de los dolientes son algunos de los problemas que afectan los cementerios y sobre los que se ha vuelto costumbre leer.

Esto impulsa el mercado de los gastos del fin, que en el país es todavía incipiente, pero decididamente pujante.

¿Qué cuesta morir?

La lucha por vivir o tratar de morir con menos dolor es cosa cara. Pero en este artículo no nos referiremos a la vía hacia la muerte, sino a lo que implica el acto de morir propiamente. Morir tiene un costo -incluso si se utilizan los servicios públicos- relativamente alto.

Empecemos considerando los servicios públicos. Las funerarias municipales no cobran por sus servicios, pero los terrenos en los cementerios no son gratis. Son propiedad de las alcaldías, pueden ser cedidos mediante venta o arrendamiento. El precio varía entre un cementerio y otro e, incluso, entre un área y otra dentro del mismo camposanto, puesto que hay diferentes categorías.

En el caso del Distrito Nacional –y de acuerdo con datos de la Alcaldía- solo el Cementerio Cristo Redentor  tiene disponibilidad de  espacio para la venta, a precios que van desde los RD$596 por metro cuadrado en la Zona C (para familias muy pobres) hasta RD$ 9,521 en la Zona A1, destinada para las familias con más recursos.

Otro, el Cementerio Barrio Obrero, solo tiene nichos para recién nacidos, cuyo costo oscilaría entre los RD$714 y RD$1,428 por metro cuadrado, según la zona en que se encuentre el terreno.

A esto se suma el pago de impuestos locales, que también dependerá del camposanto de que se trate y la zona. En el Distrito Nacional, va desde los RD$357 que se paga en la Zona C del Cementerio Barrio Obrero hasta los RD$1,904 que se paga en la zona más “exclusiva” de los cementerios Cristo Redentor y Máximo Gómez.

Esto es, por mucho, menos de lo que costaría un espacio en un cementerio privado, pero como hemos advertido, al menos en el Gran Santo Domingo, la mayoría de los campos santos, además de arrabalizados, están desbordados.

Esto empuja a muchas familias a utilizar los servicios de cementerios privados (se hacen llamar parques y jardines) que venden un “lugar agradable” para pasar la muerte.

Los problemas de sanidad, inseguridad y hacinamiento en los camposantos públicos empujan a muchas familias a usar los servicios de los privados, que se hacen llamar parques o jardines.

En estos, un nicho puede costar desde RD$100,000 hasta RD$200,000; y puede incluir desde la capilla de velación, las flores y el café de la despedida hasta una habitación bien amueblada para el descanso de los dolientes.

En el cementerio Puerta del Cielo, por ejemplo, un nicho cuesta RD$125,000.00 si se adquiere con plan de previsión y RD$165,000 si se solicita el servicio con carácter de “emergencia”.

En el cementerio Jardín Memorial podría costar desde RD$100,000 pesos si se compra mediante el plan denominado “de pre necesidad”, hasta RD$200,000 en emergencia.

Las funerarias privadas también parecen conformar un sector comercial en crecimiento. Tomemos la referencia de la Blandino, que en Santo Domingo y el Distinto Nacional ofrece servicio de velatorio tradicional desde los RD$54,500 (en la avenida Lincoln) y RD$27,500 (en la Sabana Larga). El monto a pagar dependerá de la cantidad de servicios de asistencia y comodidades que demande el contratante.

Ofrece, también, el servicio de cremación, que puede ser objetado por algunos grupos religiosos, pero que, para muchos, representa una solución práctica – y por demás, definitiva- a un problema económico y de sanidad.

Los planes para optar por este servicio varían desde los RD$47,000 hasta los RD$99,900, y pueden ser pagados en varias cuotas. La cremación directa, es decir, si no se ha contratado ningún plan previamente, puede costar desde RD$57,700 (sin incluir velatorio) hasta RD$119,900 (incluyendo velatorio).

Aunque se trata de sumas que muchos no imaginan poder pagar, entre familias de clases media y alta el deseo de despedir a sus muertos en espacios con mejor ornamento –y hasta lujo, en ocasiones- genera una demanda creciente de estos bienes y servicios.

Un espacio para las aseguradoras

En República Dominicana el 95% de los fallecimientos sorprenden a las familias sin que se estas se hayan planificado, de acuerdo con datos que presenta la Funeraria Blandino.

Pero esto podría estar cambiando. El deterioro y la insuficiencia de los servicios públicos hacen que los gastos finales o asociados al fallecimiento representen una carga cada vez más importante en el presupuesto familiar, por lo que tal vez muchos están activando las alertas de la prevención.

En este escenario hallan mercado, además de cementerios privados y funerarias, las aseguradoras, con sus planes de pólizas exequiales.

En este escenario hallan mercado, además de cementerios privados y funerarias, las aseguradoras, con sus planes de pólizas exequiales, que son cada vez más contratados, de acuerdo con la opinión de Ernesto Santos, coordinador de la Maestría en Seguros de Unibe.

Santos explica que, aunque no hay estadísticas desagregadas al respecto, percibe que esta solución se está comercializando cada vez más, tanto como parte de los planes de seguros de salud como de manera independiente. También, a través de los bancos, que vinculan estos seguros a sus productos financieros.

El seguro como opción, a diferencia de los planes funerarios, presenta la desventaja de que fija una edad máxima para adquirir la póliza. En la mayoría de los casos este tope son los 65 años.

La ventaja es que la mayoría de los planes no se limitan a cubrir las honras fúnebres e incluyen aspectos como asesoría legal sobre herencias, el pago de los impuestos del cementerio durante una cantidad específica de años, la gestión de documentos y hasta la terapia de duelo.


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