Estudiar con crédito educativo, ¿una buena decisión?

Estudiar con crédito educativo, ¿una buena decisión?

¿Es una encrucijada o una buena decisión? Todo dependerá de qué tan informado esté el estudiante sobre el producto.

Al terminar su bachillerato Ana María ya estaba embarazada de un gran sueño: estudiar Comunicación Corporativa en una universidad dominicana de prestigio.

“Es mejor competir siendo un profesional capacitado de la mejor manera, porque una buena educación no tiene precio y las oportunidades llegan, tarde o temprano, pero llegan”, asegura.

La difícil situación económica de su familia no fue un obstáculo y Ana María gestionó un crédito educativo con el cual cursó dos de los cuatro años que duraba su carrera.

Juan Tomás también estaba muy seguro de que para tener éxito en la vida laboral tenía que formarse en una institución de educación superior de excelencia, aunque para ello tuviera que recurrir a algún tipo de crédito.

“Mi familia no tenía los recursos para pagar mi matrícula en una buena universidad y, entre familiares, profesores y amigos, me habían convencido de que un título de una institución poco reconocida significaría el fracaso”, comenta a Argentarium.

En ambos casos, ¿qué tipo de experiencia tuvieron? ¿Cuáles ventajas y  dificultades? En esta materia se centra el análisis que presentamos en este artículo.

La moda que no incomoda: invertir en educación

La lucha por la asignación del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) para la educación no solo consiguió que el Estado dominicano destine más recursos a mejorar la calidad del servicio educativo público: concientizó a gran parte de la población dominicana sobre la importancia de saber más para alcanzar el progreso económico.

A la par con este deseo por educarse y el aumento de la oferta educativa continuada y técnica, ha ganando un gran auge el crédito para la educación.

Actualmente, el 40% (8) de las 20 instituciones bancarias más grandes del país tiene uno o más productos de crédito educativo. Otras entidades de intermediación financiera, aunque no lo tienen como tal, promueven los gastos educativos como uno de los usos clave para sus préstamos personales o de consumo.

Por otro lado, de las 20 universidades más pobladas del país, el 20% (4) tiene programas particulares de crédito educativo, tres de ellas a través de sus fundaciones asociadas.

¿Un financiamiento barato?

Ana María ni Juan Tomás se documentaron lo suficiente sobre las condiciones de los préstamos educativos que se agenciaron para ir a la universidad. Tomaron, prácticamente, lo primero que vieron en el mercado.

“Fue algo de lo que me arrepiento, porque entiendo que en estos momentos tendría mejores condiciones para el pago de mi crédito”, dice Ana María.

De haberlo sabido, habría abonado al capital mientras estudiaba para disminuir los intereses del saldo restante. Pero era su primer préstamo y no comprendía todo lo que implicaba, hasta que le llegó la hora de pagar.

Juan Tomás nunca pensó que los intereses sobre los montos que le prestaban cada cuatrimestre serían una carga tan pesada que lo llevarían a abandonar sus estudios superiores. “Gracias a Dios, que me iluminó. Hice un estudio técnico y con eso conseguí un trabajo para poder cancelar mi crédito”, relata.

Y es que reparar en aspectos como el costo del crédito y la forma de pago es tarea básica antes de asumir el compromiso, igual que evaluar si hay otras opciones más económicas en el mercado.

¿En condiciones blandas?

Datos de la Superintendencia de Bancos (SIB) al 31 de agosto muestran que, al menos en la banca múltiple y la de ahorro y crédito, el financiamiento a la educación tiene un costo inferior, aunque cercano, al de un préstamo de consumo cualquiera: 21.8% frente a un 25.7%, siendo la diferencia de 3.9 puntos.

En la banca múltiple, al 31 de agosto, las tasas correspondientes a las líneas de crédito para gastos educativos eran inferiores a las de los créditos de consumo en general: 20.65% frente a 26.58%, según datos de la SIB.

Aunque el crédito educativo no es más caro que la media, es mucho más costoso que algunos préstamos de consumo que, a diferencia de éste, no procuran la promoción social de las personas.

Sin embargo, cuando se observan los datos desagregados por tipo de crédito, hallamos que el precio promedio del crédito educativo está por encima de la media de otros que, contrario al este producto, no tienen como finalidad la promoción económica y social de las personas.

Por ejemplo, en el sistema financiero formal son más baratos los créditos para comprar vehículos (11.56, en promedio), los préstamos personales con garantías de certificados financieros (12.74%) y los préstamos personales con descuento por nómina (15%), según estadísticas de la SIB.

Un levantamiento de Argentarium encontró otro dato interesante en este sentido: el crédito educativo tiene, prácticamente el mismo costo en instituciones bancarias y no bancarias, es decir, universidades y organizaciones no gubernamentales.

De 18 organizaciones consultadas —78% bancos y el resto universidades y fundaciones— las tasas de interés promedio* fueron 15.6% y 15.3%, respectivamente. Es decir, el crédito educativo en la banca genera 0.3 puntos porcentuales más de interés.

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*La tasa de Adopem es un promedio entre su tasa mínima (18%) y su máxima (20%).

 La educación superior, la más estimulada

La modalidad de pago más común en las entidades observadas por Argentarium es el pago de intereses y capital mientras se estudia, lo cual tiene lógica si se considera que el nivel educativo que tiene más oportunidad de ser financiado es el post universitario.

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Como explicó una de las entidades consultadas, en esta etapa la persona ya es un ente productivo, con unos niveles de ingresos que se suponen le alcanzan para pagar sus cuotas niveladas (es decir, capital más intereses).

Sin embargo, para un nivel educativo como el universitario, en la que los jóvenes quizá no han entrado al mercado laboral, podría parecer cuesta arriba, sobre todo para los jóvenes que recurren al crédito educativo motivados por los bajos ingresos familiares.

Con pocos criterios 

Solo 2 de 18 organizaciones consultadas, que representan el 11%, tienen algún criterio para otorgar crédito educativo según el programa académico: generalmente, el nivel de demanda de profesionales en un área específica o la alta demanda de la carrera por parte de los estudiantes.

La mayoría argumenta que no discrimina entre una carrera u otra para otorgar el crédito. Llama la atención que tampoco cuenten con una investigación sobre cuáles son las profesiones o áreas con más demanda en el mercado.

A la larga, esto puede ser perjudicial tanto para las entidades que dan el préstamo como para quienes lo solicitan, debido a que no se toma en cuenta el problema del desempleo en algunos sectores profesionales.

A esta realidad se suma el hecho de que solo el 22% tiene algún mecanismo para insertar en el mercado laboral a sus clientes de crédito educativo.

Si bien no es obligación de la universidad o de la entidad de intermediación financiera conseguirles trabajo a sus receptores de crédito, el compromiso que asumen los estudiantes debería ser respaldado con el apoyo de estas instituciones en el proceso de inserción a la vida laboral.

*No se consideraron para este promedio las tasas de 0% del Banco BHD León, Promérica y Banco López de Haro.


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