Mujeres con la maternidad en el alma y en los hombros

Mujeres con la maternidad en el alma y en los hombros

Tener un ser humano en el vientre transforma las mujeres. En distintos aspectos. Un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona, publicado en 2016, halló que, al convertirse en madre, el cerebro de la mujer registra cambios estructurales significativos: pierde materia gris en zonas específicas de manera temporal.

La investigadora Elseline Hoekzema, neurocientista de la Universidad de Leiden y guía del estudio, no interpretó este hecho como algo negativo. Esta disminución, explicó, puede representar un beneficioso proceso de especialización cerebral que ayuda a la madre a responder adecuadamente a las necesidades de su bebé y al proceso de adaptación a la maternidad.

En la investigación también se observaron los cerebros de hombres que iban a ser padres: la anatomía de sus órganos no sufrió cambio alguno.

Puede pensarse que la naturaleza se encarga de hacer a las madres particularmente intuitivas, valientes, entregadas y dispuestas a realizar cualquier sacrificio para cuidar a sus hijos.

Varias de las mujeres que aceptaron relatar sus historias a Argentarium no tenían en sus planes ser madres: ni siquiera estaban preparadas económicamente para darle la bienvenida a una criatura.

Aún así, decidieron postergar –u olvidar para siempre- sus metas y deseos, y pusieron en un primer plano a esos seres que transformaron de por vida sus existencias.

Selenia

El dilema de elegir entre la seguridad económica y su desarrollo profesional

32 años. Recepcionista.

Tenía 16 años cuando conoció al padre de su primer hijo, un hombre 16 años mayor que ella. Luego de cinco años de relación tuvo su primer embarazo.

 Ni el matrimonio ni la criatura fueron impedimento para que continuara educándose ni haciendo muchas de las cosas que hace una chica de su edad.

Logró terminar el bachillerato con pocos inconvenientes –salvo los que normalmente implica la maternidad-. “Cuando en mí se despertó el deseo de trabajar, de ir a la universidad, ahí empezaron los problemas”, cuenta.

Para ese entonces ya tenía un segundo bebé de ese hombre que no comprendía cómo ella, aunque él le daba todo, quería ser una mujer productiva y con más formación.

 “Yo necesitaba ser, saber lo que era trabajar, comprarme algo con mi dinero, no tener que pedirlo…”.

 Increíblemente, ese deseo de progreso –admirable desde otros ojos que no fueran los de su ex esposo- constituyeron la razón de su divorcio.

 Dispuesta a ir tras la meta que se había propuesto no dio un paso atrás y decidió continuar sola por la vida, luchando, con sus dos hijos.

 Gana menos de lo que necesita para cubrir las necesidades de su familia y, aún así, ahorra.

 “Haciendo rejuegos y esas cosas he aprendido a manejarme sin meterme en rojo. Las tarjetas de crédito, de las que mucha gente se queja, se han convertido en una herramienta muy, muy útil. Para mí han sido una solución”, asegura.

No todo ha sido color de rosa. Hace apenas un año que culminó un proceso de salud difícil con su hijo de seis años. La mayor parte de sus ingresos estaban destinados a gastos médicos: consultas, estudios y una cirugía, que fue la cura definitiva.

“Es muy difícil cuando no tienes una persona a tu lado, cuando no tienes ese soporte a tu lado. Muchas veces el hombre no solo representa la ayuda económica, sino también el apoyo moral. Esa ausencia fue más difícil que incluso los gastos”, confiesa.

Hace dos años se convirtió en madre por tercera ocasión. Antes de que su hijo naciera, ya estaba sola otra vez.

De ambos padres de sus tres hijos recibe ayudas esporádicas y bastante pequeñas.

Es de las mujeres que prefieren no exigir pensiones alimenticias. “Aquí el proceso es muy tedioso y más cuando uno es empleado: los permisos, las citas… desistí de esas cosas. Por eso no recibo nada fijo: lo que él considera y cuando él considera”.

La maternidad, tener hijos, pese a todo, significa para ella una bendición. “Pero cuando llegan en su momento. Lamentablemente, y más cuando uno es madre soltera, uno tiene que poner en stop su vida, porque uno tiene que sacar adelante a sus hijos”.

Alma

Prefiere no trabajar demasiado para estar con su hija

39 años. Maestra de inglés.


Para Alma, ser madre soltera no ha supuesto un drama. Quizá es porque ya estaba mentalizada para serlo. A sus 28 años le advirtió a su novio (ahora ex esposo) que si se quedaba con ella tenía que darle un hijo.

Aunque no se había graduado todavía de la universidad, devengaba un buen salario que, entendía, le posibilitaba convertirse en madre incluso sin tener el apoyo de un esposo. Y ha así ha sido.

“A mi hija no le ha faltado pan, educación, nada de lo básico que requiere un niño para criarse. No tiene lujos, pero tiene techo, tiene sus cinco calientes, porque no son tres, son cinco: desayuno, merienda, comida, merienda y cena y lo que se escapa por ahí, porque come como un buquí”, bromea.

“Tiene ropa, tiene zapatos, no te digo que tiene 5,6,7 ni 10, pero no anda descalza. Tampoco desnuda. Tiene diversión: nos vamos un día al cine, cuando se puede, aquí, allí… sus necesidades las tiene cubiertas”, dice, muy satisfecha.

“A veces quiero comprarle cosas, o ella quiere cosas que yo no puedo comprar. Pero ella lo entiende y me dice: mami, cuando tengas dinero, me compras tal cosa”.

“Cuando el muchacho está la cosa aparece. De hambre tú no lo vas a dejar morir: o te buscas un mejor trabajo… se busca la manera”, expresa.

Por un tiempo tuvo dos empleos. Decidió dejar el segundo en diciembre pasado. Prefirió dedicarle más tiempo a su hija antes que tener más ingresos. Solo si fuera realmente necesario lo haría de nuevo.

Aunque por ley podría demandar una pensión alimenticia al padre de sus hijos, tampoco se siente identificada con la idea de llevar a la justicia a su ex esposo para que asuma una obligación económica.

“¿Qué me va a dar él, 3 o 4 mil pesos? ¿Voy a perder tiempo saliendo de mi trabajo, pidiendo permisos para estar detrás de nada? Soy de las mujeres que piensan que si mantener un hijo es una obligación, las obligaciones no se “dobleobligan”. Si él sabe que él tiene una hija conmigo y que su obligación es darle lo que él pueda mensualmente, ¿tiene que venir un policía a recordárselo? Creo que es ridículo y estúpido”, considera.

De todo lo que supone ser madre soltera, lo económico para ella no es lo más relevante. “Me molesta que ama a su papá, porque la niña siente su ausencia: casi no la llama y la deje plantada con frecuencia. Ella adora a ese hombre y cuando le dice que la va a buscar ella se vuelve loca”.

“Mi hija no me ha limitado mis metas, ninguna: volví a modelar, incluso hago cosas que no hacía antes de ser madre”.

Tener un mismo salario mientras las cosas continúan subiendo de precio, como para todo mundo, para Alma, maestra de inglés, supone igualmente una circunstancia difícil.

“Uno tiene que limitarse. Pero después de ahí, yo estoy feliz y muy bien con mi muchacha. No tengo ningún inconveniente”, afirma.

“Si no tuviera a Aysha no sé que habría hecho. A veces uno se deprime, no quiere hacer nada, pero si eres madre tienes que pararte, porque tu hijo/a está ahí”, confiesa.

Leanna

10 años en la universidad para sacar adelante a su hijo

36 años. Gestora de Negocios.

“El camino más fácil habría sido no tenerlo, pero decidí echar para adelante”. Leanna, hoy administradora de empresas, hace 17 años cursaba su primer semestre en Medicina. Poco tiempo después se encontraba embarazada. Y sola.

“Al principio me asusté mucho. No estaba casada ni nada. No sabía si iba a poder cumplir con todo lo que significa ser madre. Mi mamá me dio mucho apoyo, me brindó su ayuda”, relata.

Su vida, como era de esperarse, cambió. “Uno no tiene vida propia. No puede hacer nada pensando solo en uno. Ellos –los hijos- están en primer lugar. Uno sacrifica todo por ellos”, expresa.

En el primer empleo que consiguió luego de dar a luz a su hijo le pagaban menos de 4,000 pesos. Aún así, continuó trabajando en la misma institución.. Poco a poco logró ascender y tener mejores salarios.

Después que eres madre la vida cambia en todos los sentidos. Uno no piensa por uno: pone a su hijo primero. Todo lo que uno hace es pensando en ellos, en su mejoría”.

Con dificultades, pero mucha persistencia, completó su licenciatura en Administración de Empresas, tras 10 años de haberse matriculado.

“Mi espejo es mi mamá. Lo mismo que me pasó a mí le pasó a ella con mi papá. Nos crió a mí y a mi hermana sola. Es difícil lograrlo sin la figura paterna. No es fácil, la presencia del padre tiene su importancia. A pesar de eso, lo he sabido sobrellevar”. 

Dayana

Solo trabajar

32 años. Peluquera.

“Es difícil ser madre, sobre todo si se es soltera, pero es lo mejor que le puede pasar a un ser humano. Si se resume en una palabra, es una bendición”.

Así lo considera Dayana, una joven peluquera que trabaja desde que tiene 16 años. A sus 21, cuando concibió a su hijo mayor –de 11- también concluyó su relación amorosa con el padre de la criatura.

Estaba estudiando Mercadeo y trabajaba. “Tuve que dejarlo porque no podía pagar mis estudios, utilizar el tiempo en estudiar, trabajar, ser madre… el tiempo no me daba, me agobiaba y decidí dejar de estudiar”, explica.

“No lo veo como algo negativo. Para tener algunos papás, es mejor tener una madre”.

Aunque no ha logrado ciertas metas como la de concluir su carrera, defiende la decisión que tomó nueva vez, hace seis años.

“Creo que de no haber sido madre mi vida hubiese sido un desastre. Porque cuando eres madre piensas de otra forma: hay muchas cosas que no haces por ti, sino porque hay alguien más que depende de ti: te cuidas, dices no puedo hacer esto porque hay alguien que me espera y depende de mí. Cuando uno es joven es inmaduro, no piensa en nada, no le da importancia a nada, a veces no valora ni su propia vida”, reflexiona.

“Realmente nunca pensé lo de la pensión. Todo el mundo tiene su concepto de vida. Pienso que tu deseo de ser padre no debe ser obligado”.

 De sus hijos, solo espera que sean felices. “Lo que ellos sean en la vida lo decidirán ellos. A veces nos preocupamos por cosas que no son importantes: que sean un hombre y una mujer de bien y que encuentren la felicidad, eso deseo para mis hijos”.


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