IMPORTANTE: Conoce las medidas tomadas por las entidades bancarias por COVID-19

Cómo el coronavirus puede afectar la economía dominicana

Cómo el coronavirus puede afectar la economía dominicana

iStock / nito100

Cómo el coronavirus afecta la salud y qué tan peligroso puede ser es información conocida por la mayoría. También sabemos que ya está lesionando, en mayor o menor medida, a todas las economías del mundo. Pero, ¿por qué un “simple virus gripal” puede tener efectos de esta dimensión? Lo explicamos enfocados en el caso dominicano, citando las principales formas en que la pandemia puede interferir en nuestro desempeño económico.

Paraliza el turismo

El turismo es un peso pesado en la economía dominicana, como generador de demanda, de divisas y de empleos. En promedio, desde 2015, ha representado el 7.8% del PIB.

De acuerdo con datos oficiales, el sector aporta el 24.4% de las divisas de la economía dominicana, por lo que es uno de los principales responsables de la estabilidad del tipo de cambio. La caída del turismo es un revés contundente en un momento en que la devaluación del peso se está acelerando: -6.25% en el último año, al 11 de marzo.

2019 no fue un buen año para el sector, principalmente por la crisis surgida tras la muerte de varios turistas estadounidenses en el país. El Banco Central registró que los ingresos por turismo alcanzaron US$7,468.1 millones (recibimos más de 7.5 millones de visitantes por vía aérea y cruceros). Este resultado refleja una caída de 1.2 % (US$92.6 millones menos) con respecto al año 2018.

El COVID-19, un “simple virus gripal”, tiene a la economía del mundo en la sala de urgencias. ¿Por qué y cómo ha llegado a tener efectos de esta dimensión? Clic para tuitear

La crisis no fue mayor gracias al dinamismo del turismo procedente de Europa.  Pero resulta que ahora Europa no será un paliativo debido a que el problema es generalizado y se combate con medidas de cuarentena que están cada vez más extendidas.

Incluso la propia República Dominicana cierra sus puertas y, desde este lunes, prohíbe los vuelos directos desde países europeos, China, Corea e Irán para prevenir la propagación de los contagios. Así lo hizo El Salvador la semana pasada (incluso sin haber confirmado casos por coronavirus).  Argentina, Guatemala, Venezuela y Jamaica y otros de la región han tomado medidas similares.

Las cuarentenas o el miedo ante la propagación del virus no son la única barrera para la movilización de turistas hacia República Dominicana.

El economista Héctor Guiliani Cury explica que una vez superadas, quedarán las razones económicas, pues la pausa del turismo chino impacta el ingreso en EUA y las economías europeas, y eso se refleja en las decisiones de sus nacionales de viajar al Caribe.

Del mismo modo pueden ser afectadas las remesas que recibe República Dominicana, que representan alrededor del 7% del PIB y también constituyen un soporte de la estabilidad cambiaria.

En 2019 ascendieron $ 7,087.2 millones de dólares y explicaron el 23% de la entrada de divisas. Provienen principalmente de EUA y España.

El empleo es otro nervio hipersensible en el aparato económico. Datos del Banco Central indican que en el último cuatrimestre de 2019 el turismo generaba 363,647 puestos de trabajo. Gran parte de las posiciones corre riesgo de desaparecer si la crisis se prolonga.

Golpea la producción nacional

En promedio simple podemos decir que cada mes más de 625,000 turistas extranjeros llegan a República Dominicana. Se trata de consumidores más rentables que el ciudadano común para la economía. Esto convierte al sector en un gran impulsor de la demanda de bienes y servicios.

Con la reducción de las visitas el agro, la industria, el comercio y otros sectores de servicios empiezan a ser afectados, incluso antes de que se produzcan medidas drásticas en el plano local. En la mayoría de las unidades productivas bajan la demanda y la producción.

Se produce una suerte de efecto dominó: si cae el turismo, cae la demanda de hoteles y restaurantes a sus proveedores de bienes y servicios, y la demanda de éstos a sus suplidores.

Se produce una suerte de efecto dominó: si cae el turismo, cae la demanda de los hoteles y restaurantes a productores agropecuarios, industrias y prestadores de servicios, y en consecuencia cesa la demanda de éstos a sus suplidores.

Además, la gente que trabaja para el sector pierde sus ingresos de forma parcial o total,  y reduce sus niveles de consumo, también en detrimento de la producción y el comercio locales.

En una etapa más avanzada de la crisis, la capacidad productiva de todos los sectores productivos se deprime por factores como la propagación de COVID-19 en su fuerza laboral o una cuarentena general. Entonces se apagarían las chimeneas y se cerrarían muchas tiendas.

Si se prolonga, el sector financiero nacional, que financia parte de las inversiones en el sector turístico, también sufriría la embestida.

Economías interconectadas

Todo esto ocurre porque actualmente las economías están interconectadas. China, considerada como la “fábrica del mundo”, mantiene suspendida buena parte de su manufactura y esto desestabiliza la producción de empresas en otros países:

Algunas se estancan porque dependen de piezas manufacturadas por el gigante asiático para terminar sus productos. Esto incidió en el cierre temporal de fábricas automotrices, como la de Hyundai, en Corea del Sur.

Otras industrias dejan de vender porque son suplidoras, precisamente, de fábricas chinas, y al estar estas paralizadas y el resto del mundo en incertidumbre, no tienen quién les compre. En América Latina podemos citar el caso de Chile, que le suple el cobre a China para la fabricación de dispositivos electrónicos, pero los despachos han sido pospuestos o suspendidos debido a la inactividad de la industria de destino.

China es el primer o el segundo socio comercial más importante de casi todos los países de la región y la dureza de los golpes dependerá del tiempo por el que se extiendan las medidas que paralizan la actividad económica.

El petróleo y el oro, dos aliados para RD

En esta coyuntura hostil, República Dominicana halla un respiro en el comportamiento de los precios de dos materias primas. Como importador, se beneficia de la caída del crudo, que se ha comercializado próximo a los 31 dólares el barril (WTI) en la última semana, una pesadilla para los países productores. La expectativa con que fue elaborado el presupuesto de este año era de un precio promedio de unos 59 dólares por barril.

Como exportador, el país se aprovecha del aumento del precio del oro, que arrancó el año con impulso (incluso desde antes de que el coronavirus desatara el pánico del mundo).

¿En qué proporción esto mitiga el efecto del COVID-19 en la economía? Aún es difícil tener una respuesta certera, principalmente porque se desconoce hasta dónde puede extenderse ese impacto.

¿Por qué las cuarentenas?

Es válido preguntarse por qué los países toman medidas tan drásticas como las cuarentenas, sabiendo que tienen efectos tan lesivos sobre sus economías. Es, en pocas palabras, porque tienen que decidir entre mantener el impulso de la economía en el corto plazo y cuidar las vidas de sus ciudadanos.

Escogen cuidarnos, cuidarse.  Y cuidarnos requiere tomar medidas drásticas en casos de epidemias. ¿Por qué hay que protegerse tanto de este si hay virus gripales endémicos circulando casi todo el año?

Resulta que el coronavirus se contagia con facilidad y si se permite que se propague a sus anchas, ningún sistema de salud del mundo tendría capacidad para atender a la inmensa cantidad de gente que demandará, al mismo tiempo,  atención en urgencias, salas de aislamiento y de cuidados intensivos.

Es decir, ese reducido porcentaje de pacientes que sufre el ataque del virus con severidad es demasiado demanda para los sistemas de salud.

Las cuarentenas reducen el ritmo de propagación del virus, tratando de evitar el desborde de los sistemas de salud. Así se evitan las muertes que se pueden generar por el virus o por otras dificultades de salud. Y esto último es muy importante, pues si la propagación del coronavirus hace que se desborde la capacidad de los hospitales éstos no darán abasto para atender los casos de coronavirus, pero tampoco por otras enfermedades o lesiones que ya, de manera cotidiana, mantienen ocupadas las salas de los hospitales.


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